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Mi Abuelo
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Fotografía: Dreamstime
Siempre olió a una mezcla de nueces. Dejaba caer un chorrito de aceite de oliva sobre sus espaguetis. Me escribía breves cartas en su vieja máquina de escribir y me enviaba billetes de un dólar para “comprarme un helado” cuando yo estaba en la universidad. Tocaba la flauta maravillosamente y lucía varonil al hacerlo. Él, mi padre y mi hermano caminan igual. Siempre se sintió orgulloso de nosotros y me encanta haberlo conocido desde mi temprana infancia.

Siempre me llamó Jo.

Era zurdo y escribía con un gancho que creaba una especie de marca tipo patas de gallina –pero podía reconocer su escritura a una milla de distancia. Se reía fácilmente con nosotros cuando niños y gozaba de las cosas simples de la vida –como de la cafetería de la aldea de su jubilación y que él amaba. Era voluntario activo de su iglesia, ayudando en asuntos financieros y con la música. Lo recuerdo haciendo cosas, midiendo y marcando luego con un lápiz que había afilado con un cuchillo. Gozaba con los asuntos de mi hermano y míos y con nuestras actividades.

Era bastante proclive a aceptar lo nuevo y las distintas formas en que vivíamos y escogíamos vivir.  Pero no pudimos lograr que escribiera correos electrónicos, no importa cuántas veces mi padre trató de enseñarle.

Jugó al golf cada semana hasta un par de años atrás, pero siguió jugando tenis dos veces por semana con otros jóvenes que podrían haber sido sus hijos. Hace tres semanas, a los 96 años de edad, se cayó en un tribunal y se rompió la cadera.

El Comienzo del Fin

En los últimos días habíamos hablado bastante acerca de lo que podía suceder. ¿Qué tal si su cadera no sana bien? ¿Es este el comienzo del fin? Él goza de un muy buen estado para su edad y comenzamos a preocuparnos que esto se convierta en un espiral que lo llevara cuesta abajo y lo hiciera vivir incómodo e inmóvil por mucho tiempo. Él detestaría estar así.

Se durmió el domingo por la noche y cuando la enfermera vino a verlo a las 4 de la mañana, estaba muerto. Tal vez nunca sabremos exactamente la causa de su muerte –un coágulo de sangre o un ataque al corazón, lo más probable. Estamos impactados. Sé que parece muy extraño. Pero luego de las primeras lágrimas de ayer, sólo podía sentirme agradecido. Agradecido porque él no sufrió por mucho tiempo. Agradecido de que vivió plenamente hasta el final. Y agradecido por los recuerdos que quedan de él, mi último abuelo.

Debido a nuestra vida militar transitoria él nunca conoció a mi hijo menor, ni a mi hija, ni pudo conocer bien a mis hijos. Y eso me hace sentir triste. Pero estoy tan, pero tan feliz y orgulloso que mi abuelo brilló hasta el final. He pasado mucho tiempo durante los últimos días pensando acerca de mi vida, de mi salud y si mi sendero me llevará al mismo final glorioso. Creo que necesitaré realizar algunos cambios.

Tal vez, comer más nueces, aceite de oliva y jugar al tenis.

Te extrañaremos hasta que te veamos de nuevo, abuelo.

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Por Joelle Yamada. Derechos © 2014 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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