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Porque Estamos Quebrantados
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Fotografía: Dreamstime
No estoy muy seguro de por qué se ha quedado en mi mente, pero así es. Debo haber tenido seis años de edad. Tan claro como un video, puedo verme montado en mi bicicleta dando vueltas en la acera del frente de casa. Mientras lo hacía, pasé a una señora que llevaba jalando a su hijo dentro de un vagoncito rojo. Su niño vestía un sombrero de vaquero y al pasar junto a ellos el sombrero voló lejos, ya sea por el viento o porque el niño lo lanzó lejos. De todos modos, la madre se enfureció conmigo y me dijo que probablemente me quemaría en el infierno por mi forma maliciosa de ser. Traté de explicarle que era inocente, pero ella ya había dictado el veredicto.

Ese incidente me molestó tanto que hice algo que –hasta hoy– no logro entender. Decidí que debía estar bien con Dios y con el mundo, así que me disculparía por algo que no hice. A la mañana siguiente me dirigí con temor hacia su casa y golpeé la puerta. Apareció ella y me dio una mirada igual a la de la bruja malvada del Oeste. “Así que viniste a disculparte, ah?”, me dijo. Le contesté con un débil “sí”, y me fui corriendo hacia mi casa.

Comparto esto porque dentro de mí había un deseo de ser bueno y que Dios puso en mi corazón. Cuando me convertí al cristianismo creí que podía ser “bueno” todo el tiempo. Después, me convertí de verdad y me uní a la iglesia. Pero la realidad pronto me impactó y la idea de ser bueno todo el tiempo no era posible. Me sentí como Pablo, el apóstol, cuando anunció: “Aunque deseo hacer lo bueno, no soy capaz de hacerlo” (Romanos 7:18).  Esto puede sonar como somos nosotros, “pero no es el resto de la historia”, como solía decir Paul Harvey.

Nos Llame


Debemos recordar que todos estamos quebrantados. No hemos hecho bien las cosas y no lo hemos hecho desde el problema entre Adán y Eva en el Jardín del Edén. Estamos quebrantados y aunque el Hacedor nos ha dejado instrucciones detalladas en su Libro, hemos fallado en seguirlas. La verdad es que permaneceremos aquí hasta que el Hacedor nos llame en Su segunda venida.

En realidad, no tenemos que pecar. Pero lo haremos; por lo menos, aquellos de nosotros que lo admitimos. Por éso la Biblia nos ofrece estas palabras optimistas: “Pero si alguno peca, tenemos ante el Padre a un intercesor, a Jesucristo, el Justo” (1 Juan 2:1). ¡Qué Salvador!

Aún deseo ser “bueno”. No para ganar puntos ante Dios, sino porque me siento compelido a serlo debido a Su gran amor. Y cuando fallo, corro a la cruz y recuerdo de qué se trata todo esto. Dios dice que lanzará mis pecados al fondo del mar.

¿Puede ver el aviso que dice “Prohibida la Pesca”?

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Por David Snyder. Derechos © 2010 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL © 1999.


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