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Ángeles Viajando con Nosotros
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Fotografía: Dreamstime
Hacía seis semanas que mi esposa y yo estábamos casados. Un día, decidimos ir a buscar casa. El pequeño apartamento al que nos habíamos mudado apresuradamente no tenía una entrada privada. Y queríamos adoptar a una mascota.

Era un hermoso día de junio. Manejábamos en busca de una dirección. Al acercarnos a un cruce, noté que un carro se nos acercaba por mi derecha. Venía bastante rápido para ir por una calle de ciudad. Imaginé que el conductor pararía o iría más despacio por lo menos. Imaginé mal. Permitiendo que el otro conductor se desviase hacia la izquierda, podría habernos esquivado.  Pero se desvió hacia la derecha, hacia la misma dirección en que íbamos nosotros.

Cuando nuestro Pontiac llegó a la mitad del cruce, el gran Olds chocó con nuestra puerta derecha con gran fuerza. Nuestro carro comenzó a dar vueltas y siguió haciéndolo por casi cien pies. Luego de las primeras vueltas, me di cuenta que mi esposa ya no estaba dentro del carro (no existían los cinturones de seguridad en esos días). Nuestro carro se enderezó hacia el lado del conductor con el motor en marcha todavía y el tanque lleno de gasolina, filtrándose.

Rápidamente trepé por la ventana del pasajero. Al mirar hacia el cruce, vi a mi esposa a unos cincuenta pies por detrás del carro con los brazos y piernas sobre la calle. Había sido lanzada fuera del carro en unas de las volteretas y, evidentemente, había azotado su cabeza contra el pavimento. Pero no antes de deslizarse al fondo del carro mientras este daba vueltas y vueltas.

Impactada y Aturdida

Corrí hacia ella y la alcé. Vi que estaba cubierta de grasa y que un pedazo de metal salía de su muñeca izquierda.  Su pierna izquierda estaba abierta por un largo corte desde la rodilla hacia el muslo. La parte de arriba de su cabeza sangraba debido a que se golpeó con el techo del carro y el pavimento. Lucía impactada y aturdida, pero estaba consciente y hablamos mientras esperábamos a la ambulancia.

En el hospital supimos que ninguna de sus heridas era grave. El otro conductor resultó ileso y yo sólo tuve una pequeña magulladura en el brazo izquierdo. El amable policía que investigó el choque nos llevó a casa. Nuestro carro estaba destrozado y durante meses debimos caminar antes de poder comprar otro.

Nosotros creemos en los milagros. Los pasajeros que son lanzados desde el interior de un vehículo, rara vez sobreviven.  Sabemos que los ángeles custodios de Dios nos protegieron de heridas graves o de la muerte.

Hoy, al mirar a mi novia de 61 años de edad y a nuestros cuatro maravillosos hijos con sus esposas e hijos, agradezco a Dios que nos envió a Sus ángeles para que nos protegieran.

La Biblia, dice: “Dios envía a su ángel para que salve del peligro a todos los que lo honran” (Salmo 34:7).

Los ángeles de Dios están esperando viajar con usted. No salga del hogar sin ellos.

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Por Bob DuBose. Derechos © 2013 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión TRADUCCION EN LENGUAJE ACTUAL  ® 2002.


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