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Enojo Santo
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Fotografía: Dreamstime
Estaba segura que por todo el pasillo se podían escuchar nuestros gritos. También estaba segura que ellos habían escuchado mi voz antes; yo no era exactamente la más callada de las chicas y Sally y yo siempre encontrábamos la forma de discutir. Quiero a Sally pero eso no significa que no le grite. Todo lo contrario, discuto con ella debido a que me importa demasiado.

Se me hace difícil tratar de convencer a las personas que –aunque les grite– me importan mucho. Si manifiesto mi interés hacia usted, simplemente deberá verificar –como prueba–, los niveles de mi voz cuando estoy cerca suyo. Y si deseo darle un puñetazo en la cara y expresar audiblemente ese pensamiento en particular, notará que es la forma más grande de amor que puedo alcanzar. Si no me interesara, sería indiferente a cómo usted me trata o a las elecciones que usted toma. Como dijo una vez Elie Wiesel, sobreviviente del holocausto y ganadora del premio Nóbel de Literatura: “Lo opuesto al amor no es el odio, es la indiferencia”.

En el estudio bíblico de un viernes de noche, discutíamos el libro de Oseas y cómo Dios le pidió que se casara con una prostituta de manera que pudiera mostrarle a Israel cuán infieles habían sido con Él. Algunos pasajes particularmente difíciles me hicieron abrir los ojos y la boca de asombro. Dios hablaba de Su enojo con Israel –su esposa– en un lenguaje vívido, amenazando exponerla y levantar cargos contra ella, desnudarla, matándola de sed y haciéndola sentirse desolada. Escuché las palabras con molestia hasta que llegamos al versículo 13: “…y se iba tras sus amantes olvidándose de mí, dice Jehová.”

Vulnerable

Esas palabras hacen que el Dios del universo, el Hacedor de todo, suene tan… vulnerable. Me horroricé al leer las duras palabras provenientes de un Dios que muchos me habían dicho que era amante y compasivo, y entonces recordé a Sally. La quiero tanto que no podría ser indiferente con ella. Dios podría fácilmente haberse sentado en su trono celestial, diciendo: “Está bien, sigue adelante y escoge hacer cosas horribles que te dañarán, yo no haré nada para detenerte. No me importa lo que hagas, yo estaré bien, porque –francamente– no me interesas.” ¿Qué diría usted si su amado responde encogiéndose de hombros luego que usted le confiesa que le ha sido infiel? Quizá se pregunte si la quiso alguna vez.

En vez de no importarle, Dios se rebaja a sí mismo a experimentar una emoción negativa, cuidando tanto de su infiel novia que la sigue en sus infidelidades tratando de recuperarla, y cuando ella regresa a Él la recibe con los brazos abiertos. “Te desposaré conmigo para siempre; te desposaré conmigo en justicia, juicio, benignidad y misericordia” Oseas 2:19, RV.

Dios no es indiferente con nosotros porque nos ama. El enojo del Hacedor de todo puede parecer aterrorizante, pero Su enojo no es como el nuestro, es un enojo santo. No es impulsivo y no viene aparejado con un relámpago. El enojo de Dios proviene del amor; el enojo de Dios es amor. Mejor aún, el enojo de Dios puede ser grande, pero siempre viene seguido de Su gran compasión.

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Por Raquel Levy. Derechos © 2013 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. Este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión REINA-VALERA © 1995.


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