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Blancos Como la Nieve
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Fotografía: Steven Frame
Soy pecadora por naturaleza, que fue traída a un mundo lleno de odio y de dolor y entonces me sentía más culpable que en cualquier otro momento de mi vida. Enfrentar a mis padres y tener que decirles lo que había hecho, fue el momento más difícil por el que he debido pasar. Los había traicionado, había perdido su confianza y tomaría un tiempo antes de poder ganarme su apoyo nuevamente. Me sentía apenada, como si nadie pudiera amarme o perdonarme debido a ello. ¿Cómo podría amarme Dios después de lo que había hecho?

La naturaleza de los seres humanos es pecar, hacer el mal y desear lo malo. La tentación apela a nosotros, nos llama por nombre y nos invita a entrar en ella. Cada día cometemos por lo menos un error. A veces son cosas menores, como romper el marco de un cuadro y no admitir que usted lo hizo. Otras veces son cosas mayores, como mentirle a su mejor amiga sin admitir cuánto le gusta su novio. Lidiamos con estos asuntos constantemente, y cuando las cosas “se nos van de las manos”, ¿qué hacemos? Nos sentimos inferiores, culpables e indignos del amor que Dios siente hacia nosotros. Ningún pecado es más grande que otro ante los ojos de Dios, Él lo perdona todo.

En el Fondo del Mar

Recordar que Dios es totalmente misericordioso puede ser en lo que menos pensamos en momentos así. Nunca llegaremos a comprender Su misericordia por nosotros, pero está ahí. Cuando admitimos que nos hemos equivocado y nos alejamos del mal, Dios limpia nuestra alma y echa lo malo en el fondo del mar (1 Juan 1:9). Nunca más se acuerda de lo que usted hizo. Su gracia nos vuelve puros y justos otra vez.

Isaías 1:18 dice: “¿Son sus pecados como escarlata? ¡Quedarán blancos como la nieve! ¿Son rojos como la púrpura? ¡Quedarán como la lana!” Incluso si nuestra alma está manchada de malas elecciones, la gracia y misericordia de Dios la volverá inmaculada y como nueva. Recuerde que Dios está sobre todo, y con su muerte en la cruz pagó la deuda que nosotros nunca podremos pagar. Cuando haya hecho algo malo y se sienta sin valor, eleve esta oración al Señor:

Mi Padre Celestial, he caído otra vez y he cometido errores. Sé que has dicho que nuestros pecados serán perdonados si los llevamos a Ti. Hazme de nuevo y que mi alma se vuelva blanca como la nieve debido a Tu sacrificio. Gracias por tu misericordia y por Tu gracia.

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Por Jennifer Camps. Derechos © 2010 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de las versiones NUEVA VERSION INTERNACIONAL © 1999.


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