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Sanos y Salvos
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Foto: Geraldine Doran
Alberto Rozas y su hijita dormían plácidamente en su apartamento del 13° piso de la ciudad de Concepción, Chile. De repente, todo comenzó a moverse. Abrazó a su hijita de 7 años bajo el marco de la puerta del baño y esperó a que terminara el temblor. Pero los trece pisos del edificio comenzaron a caer, como si fuera un árbol herido. Rozas y su hijita se abrazaron. No sabían dónde estaban; si arriba o abajo. El padre vio una ventana hecha pedazos. A través de ella, la luz de una luna llena le alumbró la cara.

Alberto y su hija comenzaron a trepar por entre los escombros haciéndose algunas cortaduras, raspones y moretones en sus cuerpos.

Alberto dijo más tarde: “Comenzó a caer polvo y sobrevino un ruido ensordecedor… todo viniéndose abajo. Nos paramos bajo el marco de la puerta del baño. Luego, vino la caída estrepitosa. Nuestro edificio de departamentos, se derrumbaba… ¡totalmente!

Cuando Alberto logró salir con Fernanda de entre los escombros, “…tomé algunas medicinas, ropa de la niña y mi guitarra”. Luego llevó a su hija a la casa de su madre –sana y salva– y regresó para ayudar a los bomberos en el rescate de sus vecinos.

Viendo Pasar las Estrellas

Uno de sus vecinos, Abel Torres, de 25 años de edad, tenía una vista hermosa del río Bío-Bío desde su apartamento en el sexto piso. Llegaba apenas a su casa aquel día luego de trabajar en un bar, cuando comenzó el sismo a las 3:30 am del sábado 27 de febrero, 2010. Cuenta que el televisor se le vino encima… y que, de repente, vio pasar las estrellas a través de su ventana.

Otro vecino de Alberto, confesó: “Rogamos mucho… y si Dios nos permitió sobrevivir, era porque alguien vendría a rescatarnos.”

Horas más tarde cuando Alberto junto a los bomberos de su cuidad terminaron de rescatar a los sobrevivientes, regresó donde Fernanda, su hijita. Una periodista le preguntó: “¿No sintió miedo cuando junto a su hija sentía cómo se derrumbaba el edificio?” Alberto, contestó: “No. Lo único que sabía era que debía llevar de vuelta a nuestra hija donde su madre –sana y salva–.  Eso fue lo que me motivó a salir de todo ese horror sin tener que lamentar algo peor. Su madre no merece menos que tener a su hija sin novedad. Y eso es lo que hice.”

Esta es una lección de vida que nos recuerda a otro Padre amante. Un Padre que no tuvo reparos en entregar a su propio Hijo por el rescate de todos. Es un Padre que sigue arriesgándose para que usted y yo tengamos una vida abundante. Él es un Padre que no escatimará ningún esfuerzo para lograrlo. Todo, para que usted y yo lleguemos al final del tiempo –sanos y salvos.

“¡Pronto, Señor, respóndeme. Porque a ti he orado. ¡Escúchame cuando clamo a ti pidiéndote ayuda!” (Salmo 141:1).

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Por Chari Torres. Derechos © 2010 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSIÓN INTERNACIONAL ® 1999.


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