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¿Temor a Testificar?
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Foto: Christopher Futcher
Muchos cristianos están aterrorizados de sólo pensarlo. No estoy muy seguro por qué; pero es cierto, aunque desearíamos que no lo fuera. Creo que tiene que ver con el temor de decir algo equivocado. Tal vez temamos hacer el ridículo o ser rechazados. Sea lo que fuere, la aprensión está allí y a menudo nos causa un sentimiento de culpa.

¿De qué estoy hablando? De testificar –de compartir nuestra fe o guiar a que alguien conozca a Jesús. No se sienta mal si usted encaja en esa categoría. Hay esperanza y puede ser más simple de lo que uno piensa. He aquí una de mis experiencias:

Formaba parte de un grupo con el que me reunía una vez a la semana para capacitarnos en cómo compartir nuestra fe en forma efectiva. “Practicaríamos” visitando el hogar de alguien nuevo en la hermandad de nuestra iglesia. Les explicábamos nuestras intenciones y las personas siempre se sintieron bendecidas.

Una tarde, con su consentimiento, visitamos a una señora que recién se había mudado a nuestra área. Atentamente, nos alertó que su marido no era creyente y que, tal vez, no demostraría mucho entusiasmo con nuestra visita.

Nuestro grupo que constaba de tres personas, fue recibido en el hogar de la señora y nos acomodamos en la gran sala de su casa. Nos sentimos un poco inquietos cuando su esposo entró a la habitación y se sentó lo más lejos que pudo de nosotros. Después que uno de nosotros hablara por un corto momento, una señora un tanto tímida comenzó la presentación del evangelio. No hay forma de describir su desempeño que decir que no podría haber sido más confuso e incoherente. Ella hablaba tan rápido que hasta yo quedé confundido. Luego, dejó escapar la pregunta que le enseñamos hiciera en un momento apropiado: “¿Desearía aceptar a Jesús en su vida y llegar a ser cristiana?” De cierta forma esperé que dijera “no” y quitara su membresía de la iglesia.

Amazing Thing Happened

Pero ocurrió lo más maravilloso. Nunca lo olvidaré, como tampoco la lección que aprendimos ese día. Antes que la señora respondiera, su marido se inclinó hacia adelante en su silla y casi gritó: “Sí, quiero”. Quedamos aturdidos. Tratando de serenarnos, lo invitamos a acercarse a nosotros y tuvimos el gozo de guiarlo a los pies de la cruz a través de una oración. Luego de cierta preparación, aquel hombre fue bautizado y unido a la familia de nuestra iglesia. ¡Increíble!

Aquel día se nos recordó que… “no será por la fuerza ni por ningún poder, sino por mi Espíritu –dice el Señor Todopoderoso–”. La salvación de la gente es a través de la obra de Dios. No existe poder en nosotros. Somos simples mensajeros de un mensaje. Dios nos pide que permitamos que su Espíritu obre en nosotros.

Si usted siente el llamado de Dios a compartir su fe y no sabe dónde empezar, obtenga la serie de folletos llamado “Pasos Hacia la Paz con Dios” (Steps to Peace with God) escrita por el predicador Billy Graham. Búsquela en la librería más cercana a usted. Léaselo a alguien y descubra la obra que Dios realizará. Practique con su familia. Espere grandes cosas –realmente, ¡grandes cosas!

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Por David Snyder. Derechos © 2010 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSIÓN INTERNACIONAL ® 1999.


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