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Parte de la Familia
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Photo: Studiomill
Hace algunos años, una gatita perdida llegó hasta nuestro porche. Se subió a la mecedora y miró por la ventana. Era mediados de invierno y la nieve cubría el jardín. Mi esposo y yo nos compadecimos de ver que aquella gatita estuviera perdida y mirara por la ventana hacia el cálido interior de nuestro hogar. Después de un par de semanas decidimos que si no pertenecía a nadie, nos quedaríamos con ella. Ya teníamos un gato, pero deseábamos que esta gatita perdida tuviera un hogar.

Tratamos de engatusar al pequeño animalito para que entrara a nuestra casa, pero corría a refugiarse debajo de ella cada vez que nos acercábamos. Pusimos un poco de alimento en el porche y la observamos acercarse y comer junto a una familia de zarigüeyas. Finalmente, llegamos a la conclusión de que las zarigüeyas la habían adoptado como su mascota, alimentado y permitido que viviera con ellas debajo de la casa. ¡Qué mezcla tan extraña!

La primavera llegó y comenzamos a dejar nuestra puerta abierta y a sentarnos en el porche para intentar que la gatita entrara a nuestra casa. Finalmente, pudimos acariciar la punta de su cola. Luego, permitió que le acariciáramos el cuerpo y, por último, la cabeza. Una tarde, a finales de primavera, me dejó tomarla en brazos y la introduje a nuestro hogar. Dejó que mi esposo y yo la acariciáramos y captó nuestra atención como nunca antes lo había experimentado con nadie. Se sentía tan agradecida por el amor que le brindamos.

Chloe

Desde aquella noche, supimos que sería parte de nuestras vidas. La llevamos al veterinario para que la examinara y estuviéramos seguros de que no pertenecía a nadie más. Amábamos a nuestra gatita nueva y le pusimos Chloe. ¡No tomó mucho tiempo para que Chloe llegara a ser parte de la familia!

Este incidente me recuerda a Dios y Su gran amor y preocupación por nosotros. A veces sentimos como si estuviéramos a la intemperie, mirando hacia adentro, pero Dios nos abre la puerta y nos invita a entrar a Su hogar. Si somos tímidos, Él no insiste. Deja que vengamos a Él en el momento oportuno. Cuando finalmente llegamos ante Él, el amor que nos hace sentir es uno que jamás habíamos experimentado antes. Se preocupa de nosotros, ¡y no pasa mucho tiempo para que nos sintamos parte de Su familia!

“Él es bueno con todos; y derrama compasión sobre su creación” (Salmo 145:9).



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Por Erika Gladden. Derechos © 2010 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.Traducido por Chari Torres. Extraído de la versión NUEVA BIBLIA AL DIA © 2008 por Grupo Nelson. Usado con permiso. Todos los derechos reservados.


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