Home > Archives > La Familia es lo Primero >
.
Cosechando Maíz e Hijos
.
Foto: J. Vaitkeviciene
Cada primavera, mi familia y yo trabajamos en nuestro jardín. Con tres hijos y tres acres de extensión, tenemos suficiente espacio y motivos para hacerlo. Pero es mucho más que simplemente cosechar buenos frutos para poner sobre la mesa. La jardinería nos ayuda a hacer crecer nuestro carácter. Y si existe una cualidad en la que los niños (y los adultos) necesitan ayuda, es a aprender el valor de la gratificación tardía.

Preparar la tierra de nuestro jardín cada primavera es un trabajo grande. No solamente los nutrientes necesitan ser puestos nuevamente en el terreno, sino que el suelo está duro luego de haber pasado el invierno sin ser removido. Una pasada con el azadón no es suficiente. Generalmente, debemos hacer tres pasadas con él para lograr suavizar la tierra. Lo mismo ocurre con la verdad de Dios plantada en los corazones de nuestros hijos. La parábola del sembrador de Jesús plantando semillas (Mateo 13), nos muestra que la condición del terreno determina cómo será la cosecha.

Plantar semillas siempre es divertido para nuestros niños. Compramos semillas en paquetes, las ordenamos en filas, hacemos huecos en la tierra y las echamos dentro. Son como pequeñas promesas de esperanza. Nosotros hacemos nuestra parte, Dios hace el resto. Los padres deben hacer lo mismo con los corazones de sus hijos. Debemos realizar fielmente los cultos familiares junto a nuestros niños, pero los resultados no se verán enseguida. Así como esperamos pacientemente que la cosecha dé sus frutos, así también debemos confiar que Dios obra con las semillas que hemos plantado en sus mentes.

Cuidar del jardín siempre es un desafío. Toma más esfuerzo trabajar con el azadón, extraer malezas, regar las plantas y mantener las pestes fuera del jardín. En vez de hacer jardinería una vez a la semana, distribuimos el trabajo a través de los siete días. Hacemos que los niños quiten la maleza de dos filas por día, por lo menos cuatro veces a la semana (tenemos cerca de 50 filas de plantas). Mamá y papá también ayudan. De igual modo, funciona mejor que se preocupen por el corazón de sus hijos un poquito cada día. Demasiado entrenamiento una vez por semana no es tan efectivo como un poco cada día.

¡La Cosecha es Emocionante! Los niños siempre están dispuestos a recoger una fuente de tomates o de meter en una bolsa un montón de mazorcas de maíz. Hay algo recompensador acerca en practicar la paciencia y ver los resultados que hay al esperar por algo. Eso tiene que ver con el carácter de nuestros hijos. No podemos esperar que crezcan espiritualmente de la noche a la mañana.

Quizás esta es la lección que Jesús enseñó, cuando dijo: “La tierra da fruto por sí sola; primero el tallo, luego la espiga, y después el grano lleno en la espiga” (Marcos 4:28). Hacer jardinería con sus hijos tiene muchos beneficios. Proporciona un buen ejercicio, desarrolla el trabajo en equipo y los deliciosos frutos valen el esfuerzo. Pero esperar pacientemente a que crezca el jardín es el mejor fruto de todos –una cosecha de hijos que aprenden a amar al Experto Jardinero.

Si desea hacer algún comentario sobre este artículo, diríjase a Lea los comentarios de nuestros lectores ______________________________

Por Curtis Rittenour. Derechos © 2010 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de las versiones NUEVA VERSION INTERNACIONAL © 1999.


SiteMap. Powered by SimpleUpdates.com © 2002-2016. User Login / Customize.