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Es Demasiado
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Fotografía: Studiomill
En nuestra constante búsqueda por descubrir “profundidades” espirituales, mi amiga y yo hemos tomado clases bíblicas, asistido a estudios de la Biblia, sumergido en textos y versículos, entablado numerosas conversaciones de corazón-a-corazón donde hemos compartido cualquier pensamiento “profundo” que se nos pueda ocurrir… y todavía nos hemos sentido completamente frustradas –aunque, me he dado cuenta, que es un tipo de frustración benigna. Nos encontramos en una posición donde no conocemos todas las respuestas, pero no hemos estado perdiendo el tiempo. En el trayecto, hemos tenido momentos emotivos marcados por apasionados logros, pensamientos acerca de Jesús y de sus enseñanzas en formas que podemos aplicar en nuestras vidas personales,  pero también momentos de silenciosa admiración, donde simplemente movemos nuestras cabezas y decimos la frase que ha predominado en casi todas nuestras conversaciones: “Es demasiado.”

“¡Es demasiado!” repetimos una y otra vez, al darnos cuenta que cualquiera sea el tema que tratemos de explorar, es más grande que nosotros; tan grande, como algo que jamás imaginamos. Es como encontrar un pequeño trozo de cemento rojo y darnos cuenta –con asombro– que es un pedazo de ladrillo pero, al mirar de nuevo, está conectado a la Gran Muralla China. Aquel ladrillo que pensamos que conocíamos tan bien y luego de largas horas de estudio, era solamente la parte más ínfima de una de las más grandes estructuras jamás edificadas. ¡Es demasiado!

Pero la verdad es que Jesús es demasiado. Demasiado grande, demasiado sabio y demasiado profundo.  Tan profundo, que sentimos que nuestros interminables esfuerzos por descubrir los grandes secretos del mundo, los hemos empleado en aprender el “abecedario”. Y me doy cuenta –con admiración– que he sido engañada. He cogido el cebo y estoy felizmente enganchada. Perseguí la “profundidad” pensando que podía descubrirla y continuar con mi vida, pero he aprendido que me tomará toda la vida, y a otros, más. Fui engañada en las profundidades de la Persona más profunda que haya existido jamás. La Persona más astuta que el más sabio de los sabios y que el ser más informado de la tierra.

Curiosidad Innata

Jesús es el misterio más grande que haya existido y Él lo sabe, y lo utiliza para nuestra ventaja. No es Alguien fácil de alcanzar para que lo encontremos en un momento de asombro y luego lo olvidemos al día siguiente. Él nos ha dotado de una curiosidad innata que es encendida especialmente por Él, y que conduce a quienes amamos profundizar, a través de los grandes pensamientos en un viaje que jamás hemos tenido.

Puedo imaginar su sonriente rostro mientras nos deja un indicio enigmático y nos anima a continuar en la ruta que nos alimentará espiritualmente, una y otra vez. Una aventura en la que nunca nos aburriremos. Él “es demasiado” para que a nosotros nunca nos falte nada.

Si Jesús es lo más profundo de lo profundo, lo más hondo del océano, entonces deseo sumergirme en Él. Deseo sumergirme y ser consumida por Él, y utilizar el poco aliento que me quede para proclamar, gozosamente, “¡es demasiado!”

“Hijo mío, si recibes mis palabras y guardas en ti mis mandamientos, haciendo estar atento tu oído a la sabiduría; si inclinas tu corazón a la prudencia, si invocas a la inteligencia y pides que la prudencia te asista; si la buscas como si fuera plata y la examinas como a un tesoro, entonces entenderás  el temor de Jehová y hallarás el conocimiento de Dios” (Proverbios 2:1-5).

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Por Raquel Levy. Derechos © 2010 de
GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. Este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión REINA-VALERA © 1995.


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