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Esperanza Diferida
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Fotografía: John Leaver
Parecían dos hombres normales caminando por un sendero de sombras aquel domingo por la tarde. Algo había resultado muy mal. Quien los observara, podría darse cuenta que estaban teniendo una conversación profunda mientras caminaban con sus cabezas y hombros inclinados bajo la carga de los acontecimientos del día.

De repente, un desconocido se les unió en el camino. “Saludos, amigos,” –les dijo. “Perdonen que los importune, pero puedo adivinar que algo serio les está ocurriendo.” Sin levantar la vista, uno de los hombres respondió: “¿No vive usted por estos lados? ¿No sabe lo que sucedió hoy?” Hubo una pausa. “Ellos lo mataron y lo colgaron en la cima de esa colina para que todos lo viéramos”. El otro hombre que había estado en silencio, dejó escapar un: “…teníamos esperanza…” Y, luego, su voz se apagó y comenzó a sollozar.

“Teníamos esperanza…” Probablemente, ya habrá reconocido la historia. Está registrada en Lucas 24:13-35. Los dos hombres iban de regreso a casa, a la ciudad de Emaús. Habían estado en Jerusalén, presenciado la crucifixión, visto la tumba vacía el domingo por la mañana y salido del pueblo en total desesperanza. Ahora, en su momento de angustia, no reconocieron al que viajaba a su lado.

Profundamente Tocado

Siempre me emociono profundamente al pensar que Jesús se preocupó lo suficiente por sus discípulos como para regresar y estar con ellos en su momento de gran tristeza. Eso me anima, porque sé que Jesús también camina junto a mí los senderos de desilusión y duda. Debo recordar que la vida es a menudo un camino a través de momentos de inevitable oscuridad, cuando nada parece tener sentido. Es durante esos momentos que no tengo otra elección razonable que depender de las promesas de la Palabra de Dios.

En esta historia, Jesús comienza a explicarle las Escrituras a dos de sus discípulos porque su dolor estaba arraigado con una carencia de comprensión. No puedo sino pensar que a menudo este es un problema que tenemos en tiempos de duda y confusión. Con demasiada frecuencia fallamos en buscar respuestas en la Palabra de Dios.

Además, note que Jesús no revela su identidad desde un comienzo. Él deseaba enseñarles algo. Es durante los momentos silenciosos de Dios que nos volvemos más sensibles para aprender si se lo permitirmos. Pero el tiempo de espera siempre es peligroso. Es durante esas horas oscuras que tendemos a tomar el control de las cosas. Los resultados, generalmente, son desastrosos.

Tal vez esté yendo por la senda a Emaús en este momento. Es normal sentirse inestable, confuso e, incluso, preguntarse si realmente le importamos a Dios. Pero en el fondo sabemos que es así y no debemos perder la esperanza. No importa cuán oscura sea la ruta, ¡no pierda la fe! Jesús camina junto a usted. Él se revelará en el momento oportuno. Siempre está consciente de sus heridas y desilusiones. Así que lea y vuelva a leer esta historia. Está llena de tesoros que provienen desde el corazón mismo de Dios… hacia el suyo.

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Por Nancy Canwell. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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