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Territorio Sin Princesas
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Fotografía: V. Van Rensburg
Está bien… sí, tengo ese pequeño temor. Le tengo fobia a las princesas. A esas niñitas que insisten en ponerse uno de sus 47 disfraces de princesa cada día y se dejan caer al suelo sollozando si se les prohibe aquello. Niñitas que discuten con sus madres si esa ropa no combina con el resto de su atuendo. Niñas que se enfurecen y transforman en sapos a sus hermanos. Me aterrorizan.

Más que nada porque no he sido una de ellas.

No digo que no me gusten los vestidos hermosos ni arreglar mi cabello para ir a la iglesia. De hecho, para una Navidad, mi abuela me hizo un hermoso vestido largo de color azul. Recuerdo cada detalle de su diseño parecido a los de Laura Ashley. Y recuerdo haber bajado los escalones vistiendo por primera vez aquel vestido, escuchando a mi padre decir: “Luces muy linda con ese vestido azul”. (Son de aquellos piropos que permanecen para siempre con una.)

Pero no creo haber calificado jamás para ser una “princesa”. Entonces tuve pensamientos conflictivos cuando me llegó una caja de mi madre la semana pasada. Dentro venía un vestido de algodón en blanco y negro que mamá diseñó para mi nenita.

Pero ella le agregó un tutú blanco. ¡Un TUTÚ! Un tutú abultadito, con muchos volantes. Como para una princesa o una bailarina.

Suspiré.

Y, después, corrí escaleras arriba para ponérselo a Kira ¡y ver QUÉ MONA se vería!

¿Señori-tis en la Biblia?

No encuentras muchas mujeres padeciendo señori-tis en la Biblia. Durante generaciones, ellas han debido leerse a sí mismas en las Escrituras. Sustituyamos a “hombres y mujeres” en nuestras mentes mientras leemos la Biblia. Imaginemos cómo las esposas y las hermanas de los personajes bíblicos respondieron frente a distintas situaciones. Y está bien. Sé que la Biblia fue escrita en una era cultural muy diferente a nuestro tercer milenio de iglesia, pero por éso Jesús escogió llamarla su novia (2 Corintios 11:2) y es muy divertido para mí.

Para muchas mujeres no existe un día más especialmente femenino en su vida, que el día de su boda. Las horas anteriores a ella preparando, escogiendo, combinando, estilizando y decorando todo, son insondables. Así que me encanta las imágines que evocan a muchas mujeres –imágines que sólo pueden ser comprendidas sinceramente por otras mujeres –como cuando Jesús habla de nosotras como su amada novia. Qué regalo.

Es un recordatorio en medio de una Biblia centrada en lo masculino cuando Jesús manifiesta que me ama de una forma en que cada pequeña –princesa o no–, sueña con ser amada y valorada el día de su boda.

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Por Joelle Yamada. Derechos © 2010 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión REINA-VALERA © 1995.


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