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Yendo a la Cárcel
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Fotografía: Studiomill
He estado muchas veces en la cárcel. En la escuela secundaria, formé un grupo musical que iba a cantarle a los presos. He visitado a un pariente en la cárcel. Nos sentamos frente a frente y hablamos a través de un teléfono, separados por un ventanal. Recientemente, asistí a un estudio bíblico semanal con cuatro miembros de mi iglesia para compartir la palabra de Dios con aproximadamente veinte presos de una correccional de la ciudad. Ha sido un gozo para mí visitar la cárcel.

Pero no me gustaría vivir en ella. Una cosa es visitar la prisión una vez por semana por un par de horas. Otra, muy distinta, es quedarse allí. Cuando paso bajo el detector de metales y cruzo las tres puertas escuchando el “click” del último picaporte a mi espalda, siento mi pérdida de libertad. No me molesta demasiado porque sé que en unas pocas horas estaré saliendo de ese lugar. Me gusta visitar a mis amigos en la prisión, pero siempre disfruto de la libertad de poder salir, sabiendo que puedo ir a mi casa o detenerme para visitar a un amigo en la ciudad. Valoro mi libertad.

Dios también desea que seamos libres. La Biblia, dice: “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud” (Gálatas 5:1). El pecado nos esclaviza. Jesús ha venido a libertarnos. Cuando escogemos seguir los caminos de Dios y vivir en base a la Bilia, vivimos una vida de libertad. Las formas de este mundo parecen ser libres, pero realmente son una trampa que nos lleva a la esclavitud.

Escogemos Ir a la Cárcel

¿Puede imaginar, usted, vivir en una cárcel? ¿Por qué querríamos perder nuestra libertad a propósito? Eso es lo que hace una persona que se aleja de Dios. El Señor es el dador de la vida y de la libertad. Cuando escogemos la senda de Satanás, escogemos ser esclavos del pecado. Escogemos ir a la cárcel. El pecado nos hace esclavos de nosotros mismos. La verdadera libertad proviene de obedecer los estatutos de Dios que dan vida.

La vida cristiana está basada en el servicio del amor a Dios y el amor hacia los demás. Las personas que son esclavos del pecado viven solamente para sí mismos. Piensan que centrándose en sus deseos lograrán ser felices. Pero esa es una trampa que los lleva hacia la muerte.

¿Está, usted, preso? ¿Se ha convertido en esclavo buscando la felicidad? Venga a Cristo. Ore y pídale al Señor que perdone sus pecados. Jesús lo libertará de su prisión y lo guiará por un nuevo sendero.  No se encarcele a sí mismo. Camine en libertad.

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Por Curtis Rittenour. Derechos © 2010 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión REINA-VALERA © 1995.


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