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La Vida es Demasiado Corta
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Fotografía: Dreamstime
Me desperté durante la noche sin un motivo aparente. Mientras permanecía acostada en la oscuridad, escuché el respirar rítmico de mi esposo. Era reconfortante. Pacífico. Presté especial atención a ello, porque sabía que en unos pocos días él viajaría a Haití, para ayudar en la devastación de ese país debido al terremoto de 7 grados de magnitud. Viajaría a Port-au-Prince, donde la destrucción y la inquietud predomina.

Mientras le escuchaba respirar, pensaba en lo acostumbrada que estaba de tenerlo cerca. Él sale del trabajo y se viene enseguida a casa. Los fines de semana los dedicamos a la iglesia, a la familia y a los amigos y, luego, otra semana más. Pero las cosas serán distintas cuanto él se vaya. No podremos compartir el baño en las mañanas mientras se prepara para ir al trabajo. No habrá llamados telefónicos durante el día para saber cómo está todo. No oiré el ruido de la puerta del garaje habriéndose por la tarde. Su lugar en la mesa permanecerá vacío. Su lado en la cama, también.

Al escuchar su respiración, me di cuenta que aunque amo profundamente a mi esposo, a veces lo doy por sentado. Es como asegurar que siempre estará aquí. Pero esa noche, anticipando aquellas semanas y la situación inestable en la cual estará, me di cuenta otra vez lo precioso que es para mí. Y supe que nada en esta vida es gratuito. Tengo familiares y amigos que ya no escuchan la respiración de sus cónyuges por la noche. La muerte o el divorcio les ha arrebatado esos momentos.

Darme Cuenta

Aunque desearía cambiar sus situaciones y llevarle de vuelta a sus cónyuges, no puedo. Pero sí puedo compartir con usted este darme cuenta: la vida es demasiado corta para dar por sentado a nuestros cónyuges. Asumir que porque estamos casados podemos tratarlos como queramos y que ellos escogerán quedarse a nuestro lado, es un error. Y, pensar que la muerte no tocará nuestro matrimonio, es algo ingenuo. Ninguno de nosotros sabe lo que el futuro traerá.

Asi que la próxima vez que su esposo aparezca por la puerta de calle, se siente a la mesa, trabaje en el jardín, arregle el carro, juegue con los niños y, sí –incluso, cuando ronque– no lo dé por sentado. Recuerde las cosas que le encantaban de él cuando recién se casaron. Si alguno de esos rasgos ya no están, dígale suavemente cuánto los extraña. Mire a su cónyuge de una forma distinta y nueva.

Y, si se despierta durante la noche, escúchelo respirar.

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Por Nancy Canwell. Derechos © 2010 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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