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Como Leña Mojada
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Foto: Anton Gvozdikov
Comencé el fuego descontenta, preguntándome por qué la rama no encendía. Habíamos estado sentados frente al fuego por casi una hora y ya para entonces la situación se tornaba simbólica. No importaba cuánto tiempo dejara la leña al fuego, cuando la sacaba no duraba más de unos segundos encendida. Me ponía celosa ver arder los trozos de leña de mis amigos, brindándoles calor en aquella fría noche.

Comprendo que suene tonto pero como dije antes, aquella situación se había vuelto simbólica. Así, como en mi vida espiritual, yo no podía comprender por qué mis ramas no soportaban el aire frío. Mi leña estaba vieja y desgastada en comparación con la de mis amigos, que lucía nueva y se encendía aún con la chispa más pequeña.

Cuando por primera vez descubrí el fuego de Jesucristo, estuve como hombre de las cavernas y el encuentro más pequeño con Él podía encenderme durante semanas. Mientras los problemas de esta vida cobraron su cuota en mí, Dios llegó a ser solamente una parte de mi vida cotidiana, una parte cada vez más pequeña, subestimando Su poder y perdiendo mi fe todavía en crecimiento. Rara vez me exponía a Su fuego y “mis ramas” estaban como leña mojada.

Rendirse al Fuego

En ese punto, “un poquito” de Jesús no lograría su efecto. No bastaba con tener un breve encuentro con Él. Necesitaba encenderme en el fuego de Su amor –sentirlo en mi vida como cuando era una bebé espiritual. Necesitaba tomar mi trozo de leña, controlar cuán profundamente debería introducirla en las llamas y cuánto tiempo la dejaría allí. Necesitaba permitirle… rendirse al fuego.

Ah, sí. Suena alocado y, probablemente, lo sea. Pero eso es lo que mi Salvador merece de mí –abandono irreflexivo– para lanzar al fuego mi orgullo e independencia y permitirme ser consumida por Él. Entonces ya no viviría yo, sino que Él lo haría en mí (Gálatas 2:19).

Mi vida y mis elecciones ya no cuentan. Un vistazo a la Biblia debería convertirse en un rendirme a Su palabra. No iba a quitar mi trozo de leña del fuego –la rendición a Cristo debería ser absoluta.

Entonces, aquella noche, lancé mi rama literal sobre el fuego literal; escribí en un trozo de papel literal palabras como orgullo, celos y amargura y lo lancé sobre las llamas, junto al trozo de leña. Y oré para tener la fuerza de rendir mi corazón a Él, de manera que mis defectos y mi yo fuesen consumidos totalmente por el fuego de Jesucristo.

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Por Raquel Levy. Derechos © 2010 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSIÓN INTERNACIONAL ® 1999.



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