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No Saben lo que Hacen
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Fotografía: Dreamstime
No hace mucho pasé algunos días sustituyendo a un maestro cuyas clases han sido –históricamente– fáciles de manejar. Esta vez, sin embargo, fue distinto. Y no es que yo no esperara algunos días malos. Es parte de mi trabajo. Pero había dos alumnos de noveno grado que eran particularmente un desafío.

El primer problema es que eran completamente malos entre ellos. Tenerlos juntos en la clase y no esperar que surgieran problemas, era como poner un encendedor sobre gasolina y no esperar que haya una explosión. La “explosión” –en su caso–, no era demostrada por violencia y agresión. A ellos les encantaba juntarse y producir nuevos niveles de interrupción en la clase, empujando al maestro al límite de su paciencia. Lo hacían utilizando palabrotas, gestos groseros y a través de una variedad de métodos que no merecen la pena mencionarse.

El otro problema es que estos chicos no tenían idea del daño que se estaban haciendo a sí mismos. Observarlos era como mirar a alguien suicidarse lentamente sin que se dieran cuenta que era eso lo que estaban haciendo. Se hizo evidente al final del período de clases de mi último día con ellos. Habían tratado de hacerme enojar durante todo el período mientras yo le escribía notas con mucho cuidado al maestro y al director, esperando sinceramente que esos alumnos fueran castigados. Pero, entonces, algo sucedió.

Nudo en la Garganta

Los dos chicos comenzaron a usar el nombre de Jesús en forma inapropiada. Por tratarse de una escuela pública lo dejé pasar por un rato, pero al final les pedí por favor que no usaran el nombre de Jesús de esa manera. Desde ese momento siguieron no sólo jurando en vano, sino que agregaron burlas fingiendo estar orando a Jesús, bromeando para que perdonara sus pecados. Me pasé durante toda la clase respirando hondo debido a la mala conducta de esos chicos, pero al observarlos mofarse de Jesús, sentí algo muy distinto. Ya no estaba enojada. De hecho, se me hizo un nudo en la garganta, y les dije: “Ustedes no tienen idea de lo que están haciendo. Es realmente quebrantador para mí verlos.” Sentí que estaba a punto de llorar.

Dos cosas me impactaron fuertemente. Primero, me di cuenta que aunque se burlaban de mí por pedirles que no usaran el nombre de Jesús en vano, no me sentí herida. Por el contrario, me sentí… privilegiada. Las palabras de Pablo vinieron en seguida a mi mente: “A vosotros os es concedido a causa de Cristo, no solo que creáis en él, sino también que padezcáis por él...” (Filipenses 1:29). Segundo y más importante aún, me sentí muy triste por Jesús, porque sabía cuánto amaba a esos chicos aunque se estuvieran mofando groseramente de Él.

Mi mente fue transportada hacia la cruz donde Jesús fue ridiculizado. Al momento en que Él oró a Dios: “Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen” ( Lucas 23:34). Me di cuenta que cuando Jesús dijo esas palabras no estaba hablándole a quienes se mofaban de Él, sino también a estos dos alumnos desordenados que de mi clase del año 2010. Presencié un momento ante la cruz que espero no olvidar jamás. De repente, mi deseo de venganza se alejó dando paso a la compasión.

“Ellos no saben lo que hacen”. Y me pregunté cuántas veces Jesús habría dicho esas mismas palabras por mí.

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Por Gwen Scott Simmons. Derechos © 2010 de
GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. Este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión REINA-VALERA © 1995.


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