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¿Amargado o Agradecido?
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Fotografía: Don Stevenson
Las imágenes y videos que llegan de Haití hacen que mi corazón se encoja. Me siento impotente para aliviar el sufrimiento emocional y físico que enfrentan cientos de miles de personas.

El terremoto ha dejado a 300.000 haitianos sin hogar. Tratan de sobrevivir en las calles, con sus estómagos vacíos mientras esperan desesperadamente que lleguen los alimentos. Hacen filas afuera de las clínicas carentes de personal porque sus heridas necesitan atención. La muerte los rodea. No pueden escapar del lugar ni del hedor de los cientos y cientos de cadáveres que llenan las calles rumbo a las fosas comunes.

En noticieros recientes he notado cierta mezcla de historias provenientes de Haití. Hay gente que se ha amargado mientras que otros, sorprendentemente, han descubierto cosas por las cuales estar agradecidos en medio de toda esa tragedia.

Por ejemplo está la historia del Pastor Eric Toussaint. Su iglesia, que fuera una imponente catedral, hoy es un esqueleto rodeado de escombros. No obstante, él comenzó de nuevo las misas después del terremoto para una pequeña congregación de agotados sobrevivientes. “¿Por qué dar gracias a Dios?” –les preguntó el pastor. “Porque seguimos aquí.” 1

Y está Florence Louis. Ella tiene dos niños y está embarazada de siete meses de un tercero. Como miles de otros haitianos, fue donde estaban los trabajadores de la O.N.U. que repartían galletas nutritivas, de alta energía. Louis tomó su montoncito –cuatro paquetes de galletas– y dijo: “Es suficiente, porque de todos modos, yo no tenía nada.” 2

Dios No Existe

Pero entonces hay historias que se destacan contrastando con las demás. Como la de Remi Polevard cuyos cinco hijos estaban muertos en medio de los escombros de su casa. Hablando de Dios, Remi gimió: “¿Cómo pudo hacernos esto? Dios no existe.” 3

Y está la mujer anónima del vestido anaranjado. Fue vista cinco días después del terremoto caminando por las calles donde los cuerpos eran quemados. Sacando una Biblia de bolsillo de su vestido, la lanzó hacia el fuego…

Cuando leo estas historias, pienso: “Los haitianos son como nosotros. Ambos debemos elegir qué hacer cuando la tragedia nos golpea.” Podemos culpar a Dios o confiar en Él. Correr hacia Él o alejarnos de Él. Podemos amar a Dios u odiarlo.

Decir que Dios no existe es afirmar que no existe plan ni propósito. Lanzar nuestras Biblias sobre las llamas es botar las palabras que nos traerán consuelo y esperanza. Confiar en Dios y en la promesa de un lugar mejor no sólo nos ayudará a salir adelante en la vida, sino que nos llevará a la vida eterna. A ese lugar que Dios ha prometido: “El sol jamás se ocultará y la luna nunca perderá su luz, porque yo soy el Dios de Israel, y seré para ustedes una luz que brillará para siempre. Así pondré fin a su tristeza” (Isaías 60:20).

No podemos escoger las tribulaciones que vendrán, pero sí el resultado. Podemos elegir qué actitud tener frente a ellas, a quién culpar, qué aprender y lo que haremos con Dios. La mejor elección es confiar en Aquel que un día vendrá a nuestro rescate y terminará con nuestros días de dolor.

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Por Nancy Canwell. Derechos © 2010 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión TRADUCCION EN LENGUAJE ACTUAL ® 2002.

1 Fox News
2 USA Today
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Daily News


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