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Las Cosas Simples
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Fotografía: Nina Vaclavova
Recientemente di a luz a nuestro tercer hijo –una niña fabulosa. Ella y sus dos hermanos mayores (de 4 y 2 años de edad) son la base para la pregunta que escucho a menudo últimamente: “Entonces, ¿cómo es tu vida con tres?”

Quien hace la pregunta siempre mira afligido al preguntar y, yo, siempre estoy tentada a contestar: “AH, HA SIDO SÚPER FÁCIL”… solamente para ver si se desmaya de la incredulidad. Pero, claro, nunca sucederá

–porque no es una tarea fácil.

Para ser honesta, gracias a la ayuda de mi marido, las hazañas como salir por la tarde o ir a la iglesia se torna en algo fácil. Lo difícil está en las cosas simples.

Como la total imposibilidad de recoger nuestra correspondencia en el correo…

Y la irrisoria idea de ir a comprar tomates al supermercado más cercano.

La cantidad de tiempo que toma alistar a los niños para que entren al carro y, luego, bajarlos a todos para un apurado abre y cierra de nuestro buzón personal del correo o pasar a la tienda a buscar unos tomates y después hacer que los niños entren al carro y bajen al llegar a casa, se transforma en un CHISTE muy malo. Son encargos de tres minutos que se convierten en 45. Es algo tonto. Y yo no lo haré.

¡Sin Tomates!

Así que no hemos ido en busca de nuestro correo por más de una semana. Y ya me quedé sin tomates.

Afortunadamente, esas cosas pueden esperar hasta el día en que mi esposo se quede en casa y yo corra y realice seis mandados en una hora ¡en vez de demorarme una hora en un solo mandado!  Lo que no puede esperar es el tiempo que debo/necesito/espero pasar con el Señor.

Antes (cuando los niños eran bebitos), mis devocionales sucedían a cualquier hora –en una tarde silenciosa, en la mesa del desayuno o antes de irme a dormir. ¡A la hora que yo quisiera! Eso es algo irrisorio en este momento. ¡Si usted VIERA nuestro grupo al desayuno! Mi Biblia sería parte del combate de comida, si tratara de hacerlo. ¿Y qué decir de las tardes silenciosas? Si existieran, ¡estaría durmiendo junto con ellos! Al llegar la noche apenas puedo mantener mis ojos abiertos. No puedo tener devocionales como los que tenía antes. Eso sería imposible.

Pero debo hacerlo. Deseo hacerlo. Necesito hacerlo.

Así que tendré que tomar el toro por los cuernos. Levantarme temprano. Antes que la tropa. Antes que comience la locura de mi vida maravillosa. Si deseo tener un corazón amante que guíe mis decisiones y mi disciplina y liderazgo con los niños durante el día, creo que debo permitir que el Señor obre antes que suceda cualquier otra cosa.

Es así de simple.

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Por Joelle Yamada. Derechos © 2010 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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