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Gracia Maravillosa
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Foto: Terrance Emerson
Todo sucedió hace muchos años en un pequeño pueblo llamado Granger, en Washington. Nunca lo he olvidado. Era un evento semanal que se llevaba a cabo durante los meses del verano. Un grupo de chicos –incluído yo mismo–, acorralaba a un potrillo salvaje de las estribaciones circundantes. Lo llevaríamos a un corral en las afueras de la ciudad y trataríamos de cabalgar el potrillo sin ser enviados al suelo.

Un domingo, llevamos a un potrillo salvaje hasta el lugar acordado. Necesitábamos una silla de montar, así que les mencioné que mi vecino acababa de comprar una y que tal vez nos la prestaría. Comencé a dirigirme hacia la casa de Joe, que estaba a un par de cuadras de distancia. Me saludó con la cabeza y volvió con su hermosa silla de motar, colocándola a mis pies.

Me eché la silla al hombro y caminé orgullosamente de vuelta hacia donde me esperaban mis amigos. La pusimos sobre el lomo del reacio potrillo. Ahí fue cuando las cosas comenzaron a ponerse terriblemente mal.

El animal comenzó a trotar enloquecido alrededor del lugar mientras corríamos para todos lados. El potrillo finalmente terminó apretado a las astas de madera. Alguien le quitó la silla y la dejó caer tímidamente a mis pies. Siempre recordaré aquel lugar. La que una vez fue una silla de montar hermosa no era sino un montón de pedacitos de cuero, rota y dañada en forma irreparable.

Me arrodillé ante ella –orgullo y gozo de Joe–, sabiendo que tendría que tocar nuevamente a su puerta. Arrastré de mala gana la silla detrás de mí y pronto estuve parado ante la temida puerta. Cuando Joe apareció, hubo un largo silencio. Ninguno de los dos habló. Su expresión no cambió mientras observaba la escena. Finalmente, dejé escapar mi lamento: “Lo siento, Joe…”  Se agachó, cogió su “silla” y la empujó hacia adentro. Justo antes de cerrar la puerta, me dijo en su tono de voz calmado y apacible: “Está bien, David. Está bien.” ¡No podía creer lo que acababa de ocurrirme!

Mi Vida, una Silla Rota

Fue años después cuando comencé a reexaminar las afirmaciones de Cristo que recordé nuevamente este acontecimiento. Cuando acepté a Jesús como mi Salvador personal, mi vida lucía como aquella silla rota. Todo lo que podía ofrecerle a Él, era: “Lo siento.” ¡Y sucedió algo increíble! Me dijo: “Está bien. Yo puedo reparar todo lo roto que hay en ti.”

¿Cuántas veces he puesto ante los  pies de Jesús mi desordenada vida y Él siempre ha respondido de la misma forma? Él nunca me ha dicho: “Suficiente. No dejes a mis pies más basura inservible. Has tenido demasiadas oportunidades.”

El asunto es que siempre podrá tocar a la puerta de Cristo y Él siempre aparecerá frente a usted. No tema golpear. A Él le encanta abrir la puerta, sin importarle las cosas inservibles que usted ponga ante Sus pies. De eso se trata el Calvario.

“Pero Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros” (Romanos 5:8).

¿Es Su gracia algo maravilloso? Usted decide.

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Por David Snyder. Derecho de autor © 2010 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Traducido por Chari Torres Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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