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Viendo la Verdad
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Fotografía: Studiomill
No podía ver muy bien. Mi optometrista había dilatado mis pupilas para conseguir una mejor visión del fondo de los globos oculares. Es un procedimiento común. Pero con mis pupilas dilatadas es difícil ver claramente, aún con las gafas plásticas que ellos entregan y que debemos usar por unas horas hasta que los ojos regresen a la normalidad. Manejé mi carro para la cita, asi que tuve que hacerlo en forma muy cuidadosa para volver a mi hogar. Lo hice bizqueando, pero logré llegar sin peligro. Deseaba ver claro enseguida, pero debía esperar.

Después de un rato estaba arrodillado pidiéndole a Dios que hablara a mi corazón. Me convencí de ello al leer este pasaje bíblico, que dice:  “Examíname, oh Dios, y sondea mi corazón; ponme a prueba y sondea mis pensamientos. Fíjate si voy por mal camino, y guíame por el camino eterno” (Salmos 139:23, 24). Deseaba ver lo eterno más claramente, asi que le pedí a Dios que examinara mi corazón y me revelara aquello ofensivo que debía ser tratado. Y esperé… y esperé… y esperé. No escuché a Dios compartir nada conmigo. ¡Yo esperaba escucharlo hablar a mi corazón en ese momento! Me sentí un tanto defraudado, no porque me gustara descubrir cosas pecaminosas ocultas en mi corazón.

Más tarde aquel día, mientras hablaba con un miembro de la familia, le hablé de forma hiriente y me lo hizo ver. Había estado rogando a Dios que me ayudara a crecer y a relacionarme con esta persona y pensé que había progresado. Pero ese encuentro pinchó la burbuja. Me desalenté.

Debía Esperar

A la mañana siguiente durante mis momentos de quietud, Dios habló a mi corazón. El Señor me reveló que no podía ver lo que debía ser visto en el momento en que se lo pedí. Debía esperar. La búsqueda y las pruebas de Dios no siempre suceden en mis momentos de reflexión. A veces es durante la diaria rutina de la vida.

Había orado: “Examíname, oh Dios,” y el Señor lo hizo. Pero no me reveló lo que necesitaba ver porque yo no estaba listo. El Señor me reveló algunas cosas ocultas en mi vida. Cuando fue el momento oportuno, el Espíritu, dijo: “he aquí algunas ofensas con las cuales debes lidiar.” Y entonces pude ver.

El pecado nos ciega y no nos deja ver claramente. El orgullo daña nuestra sensibilidad ante el Espíritu Santo que desea ayudarnos para conocer la voluntad de Dios para nuestras vidas.  Cuando nos enfocamos en lo bien que lo estamos haciendo o en defendernos a nosotros mismos, somos desafiados a ver la verdad. A veces necesitamos orar y esperar. A veces, la búsqueda requiere pruebas. Entonces la verdad aparece claramente. Y podemos ver.

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Por Curtis Rittenour. Derecho de autor © 2010 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Traducido por Chari Torres. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL © 1999.


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