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Salvando a Socks
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Fotografía: Robert Byron
Socks era la perrita más tierna que alguien podría desear. Era una perrita familiar, mezcla collie y… ¡simplemente preciosa!

Rescatamos a Socks de la muerte. Habíamos estado deseando tener un perro y fuimos a la clínica veterinaria para ver a un cachorrito que habían dejado allí. Mientras observábamos al perrito, nuestros ojos se prendaron de otra cachorrita negra que se acercaba silenciosamente a nosotros. Nuestro hijo le silbó e inmediatamente ella lo miró y se nos acercó corriendo, como si hubiera nacido en nuestro patio. Nos enamoramos de ella y pensamos que nuestro encuentro fortuito no había sido por casualidad.

Cuando le preguntamos a la asistente del veterinario a quién pertenecía esa perrita, nos dijo que se había perdido y que pronto la pondrían a dormir.  No perdimos el tiempo y decidimos llevarla a casa con nosotros, ante lo cual, se sintió encantada. De hecho, Socks parecía más que dispuesta. Parecía estar sinceramente agradecida. Y así permaneció hasta el día de su muerte, hace sólo unos meses.

Gratitud Eterna

A través de su vida, ya sea ofreciéndonos su compañía de cachorrita juguetona o como una fiel y madura amiga, Socks nunca perdió de vista la gratitud que sentía de haber sido salvada. Había estado perdida, pero alguien la encontró. Había sido rechazada, pero alguien la amó. Y su dulce gratitud bendijo a nuestra familia más de lo que un perro podría comprender; estoy segura.

Cuando pienso en Socks, tal como ahora lastimosamente hago, me hago preguntas. Me pregunto cuántos de nosotros nos sentimos medianamente agradecidos de haber sido salvados como Socks. Hemos sido salvados de la muerte y se nos ha ofrecido la vida eterna. Hemos sido –por el sacrificio de Jesús–, rescatados por su propia mano de nuestro verdugo, y adoptados en la familia de Dios. Al igual que Socks, hemos estado esperando la muerte. Pero Jesús ha visto nuestra necesidad y nos ha llamado a su lado. ¿Hemos corrido hacia Él con la misma confianza que Socks corrió hacia nosotros?

Ser salvos es un regalo precioso. Socks abrazó ese regalo y nunca se olvidó de él. Es de esperar que nosotros tampoco lo olvidemos.

“De tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree no se pierda, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16).

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Por Gwen Scott Simmons. Derechos © 2010 de
GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. Este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión REINA-VALERA © 1995.


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