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Pesca con Arpón
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Fotografía: Michael Wood
“Vengan, síganme –les dijo Jesús–, y los haré pescadores de hombres” (Mateo 4:19).

Nadaba pacíficamente alrededor de mi lago cuando mi mundo de peces fue interrumpido por un fuerte estallido de olas. Justo a mi lado, demasiado cerca para mi comodidad, pasó un bote pesquero. Se acabó mi pacífico día –habían llegado los pescadores. Llevaban arpones y reían entre ellos luciendo miradas santulonas. Uno de los hombres lanzó el primer arpón al agua, rozándome apenas.  El segundo cayó a mi costado izquierdo. Lanzándolo casi sin ningún esfuerzo, el tercer arpón tuvo el mismo efecto en mi lado derecho. Bostezando, los pescadores decidieron que habían hecho bastante por el día y comenzaron a retirarse dejando mi lago –antes pacífico–, lleno de olas manchadas con mi sangre.

Cuando Jesús pronunció el gran mandato, convirtiendo a sus discípulos en pescadores de hombres, la pesca era distinta a como es ahora. Los pescadores despertaban temprano, remaban con sus botes mar adentro y lanzaban sus redes al agua. No forzaban a los peces; en lugar de ello, esperaban pacientemente. A veces esperaban durante todo el día y la noche a que los peces entraran dentro de sus redes. Había días en que regresaban sin haber pescado nada, de manera que vivían vidas confiando en que Dios dirigiría su pesca.

Método Testificador Preferido

Actualmente, hemos hecho de la pesca en lanza nuestro método preferido. Es más fácil, más rápido y no requiere de instrucciones. Empujar a Jesús por la garganta o lanzarlo a los costados de alguien, nos parece mucho más fácil que esperar todo el día a que alguien nos pregunte si somos cristianos. Entonces, ¿cuál es el problema de tomar el arpón con nuestras propias manos? Que hemos quitado a Dios de la ecuación testificadora. En vez de creer que Dios obrará en sus vidas y los guiará a nosotros, vamos a la gente con nuestro propio método. No es debido a nuestro esfuerzo que hará que las personas tengan una relación con Cristo; es debido a Cristo mismo. No tiene que ver con cuántas horas al día oramos y leemos la Biblia; tiene que ver con el amor de Dios. Cuando tomamos el arpón con nuestras propias fuerzas, lo que hacemos a menudo es herir espiritualmente a los demás, dejándolos peor de lo que estaban antes de intervenir.

Deje la lanza a un lado y lance su red al agua. No oculte el hecho de ser cristiano, siéntase orgulloso, pero deposite ese orgullo en Cristo, no en sus propios logros. Actúe de forma distinta, sin una actitud moralista y Dios dirigirá los peces hacia usted. Luego de pescarlos, llévemos inmediatamente ante Dios. Permita que Él realice el cambio, el que se hará con el amor que, como humanos, no somos capaces de entregar. Tómelo como alguien que ha estado al otro lado del lago y que, con la ayuda de Dios, estaremos dispuestos a nadar dentro de sus redes.

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Por Raquel Levy. Derechos © 2010 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL © 1999.


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