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¡Adiós, Niñera!
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Fotografía: Dreamstime
Lo hice. Despedí a mi adorada, económica y siempre dispuesta niñera. ¿Por qué, se preguntará usted, una madre de dos niños (de seis y 4 años de edad) despediría a tan buena ayuda? En caso de que no lo haya adivinado, este cuidado de niños de 42”, frecuenta la sala de nuestro hogar cada día de la semana y destella un brillo en cuanto apretamos el botón de acción.

Hasta hace unos meses, permití que mis hijos vieran televisión regularmente. Autoricé a cada uno a que vieran un programa de 30 minutos al día pero, a veces, cuando estaba realmente ocupada, el tiempo límite subía. Me sentía culpable, pero apaciguaba mi conciencia paterna sabiendo que esos programas también les proveían de cierta exposición con las letras, los números, el idioma español, la música clásica, el arte y una extensa variedad de situaciones sociales para la niñez. Desde luego, ¡nunca los dejé ver tiras humorísticas nefastas!

Aunque disfrutaba de los momentos de paz y de silencio ininterrumpidos que me proporcionó la televisión, admito algunas desventajas. Ante todo, debía vigilar a mis hijos lo que miraban y por cuánto tiempo. Además, debía decidir ciertas disputas sobre quién elegiría primero y qué programa sería el escogido. Luego tenía que enfrentarme a los ruegos sobre “ver otro programa más”. Eso me llevó a mi segunda y más importante decisión en cuanto a mi “niñera electrónica”. Finalmente me di cuenta que mis hijos carecían de la capacidad de jugar en forma creativa y de entretenerse debido a que estaban acostumbrados a depender de la televisión para ello. Esos “inofensivos” programas afectaban adversamente sus actitudes y su capacidad para utilizar el cerebro que Dios les dio.

Apagar el Televisor

Necesitábamos un cambio –un gran cambio. Podría limitar el tiempo de ver televisión (lo que requiere mucho más disciplina y monitoreo), o “despedir a la niñera”. Con un poquito de temor e inquietud, opté por apagar el televisor.

En vez de crear más trabajo para mí, dejar a un lado la televisión me ha aligerado la carga. En cosa de días mis hijos dejaron de pedirme ver televisión. Los observé inventar nuevas formas de jugar, imaginando junto a sus juguetes y descubriendo maneras de divertirse, en vez de decir: “¡Estamos aburridos!” Saben entretenerse solos en forma pacífica por largo tiempo, y su conducta ha mejorado significativamente. Descubrí, sin la corriente constante de exposiciones estimulantes, que les interesa leer libros y ver programas educativos (de historia, naturaleza, ciencia, etc.) que ocasionalmente disfrutamos como familia. Mejor que todo, las historias bíblicas captan su atención y esa, en sí misma, es una razón más que suficiente para mantenerlos lejos del televisor.

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Por Hannah Henry. Derechos © 2010 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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