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Queso Elaborado
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Fotografía: Dreamstime
Mi segundo hijo –que está en la universidad–  vino a casa durante un fin de semana. Era el cumpleaños de mi hijo menor y él quería estar presente.  Además, deseaba discutir algunos asuntos conmigo, así que no me dejó solo mientras hacía mis quehaceres e, incluso, me acompañó al supermercado. Debía comprar algunos comestibles para la fiesta de cumpleaños que sería al día siguiente.

Mi esposa deseaba poner un plato de frutas y quesos, de manera que la lista de compras incluía “queso elaborado”. Mi hijo sonreía a entredientes al verme comprar varios paquetes de quesos de seis onzas en la sección de fiambres. Al mirarlo, me dijo: “¿Sabes? Nunca me di cuenta de lo diferente que es comprar comestibles cuando uno es el que debe pagar”. Él vive en un departamento fuera del campus universitario, no en los dormitorios del internado. Eso significa que debe alimentarse por sí mismo en vez de ir a la cafetería de la universidad.

Me contó cómo debía estirar su presupuesto alimenticio. Comprar productos no-perecibles en grandes cantidades, como papel higiénico o detergente de platos, debido a que el precio por unidad era más bajo. Escoger productos del supermercado en vez de marcas conocidas porque eran más baratos. Limitar sus compras de comidas preparadas y comprar ingredientes para cocinarlas él mismo, para así ahorrar dinero. ¿Qué en cuanto al queso? Compra paquetes sin rebanar del tipo Colby, que es más barato. Es demasiado caro comprarlo cortado en comparación con el mínimo inconveniente de hacerlo uno mismo.

Valerme por Mí Mismo

Le señalé que nada de eso –excepto el énfasis del costo inferior que nos brindan las opciones–, fue distinto a lo que su madre y yo hicimos cuando éramos estudiantes. Estuvo de acuerdo conmigo. Incluso me contó que a veces derrochaba el dinero, tal como yo lo estaba haciendo en la fiambrería al pedir quesos elaborados, agregando: “Nunca entendí cómo lo hiciste hasta que comencé a valerme por mí mismo.

Entiendo su punto de vista. No diferencié la virtud de comprar queso en trozo o adquirir productos que no fueran de marca hasta que viví solo en un departamento pequeño del colegio. Al igual que mi esposa y yo, que nos esmeramos para educar a nuestros hijos presupuestando y brindándoles lo necesario para sus vidas, mis padres también habían trabajado para educarme a mí. Y así como mi hijo, nunca llegué a apreciar sus lecciones hasta que tuve que experimentarlas por mí mismo.

A nuestros hijos les dimos un fundamento sólido. Les mostramos la importancia de la industria, la autodisciplina y la independencia propia. Les enseñamos a confiar en Dios y a vivir vidas cristianas. Y, sin embargo, no importa lo bien que hayamos criado a nuestros hijos, aún son una obra en desarrollo cuando viven solos y se valen por sí mismos. Los padres pueden –y deben– ayudarlos a prepararse para vivir en el “mundo real”. Pero como avecitas que deben abandonar su nido y volar con sus propias alas y no con las de sus padres.

Sí, mientras se tambalean en el aire, usted se preocupa de que puedan llegar a caerse. Pero, qué glorioso momento aquel cuando encuentran su equilibrio y se elevan hacia el cielo.

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Por Mark Lardas. Derechos © 2013 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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