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Plantas de Banana
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Foto: Edward Westmacott
Después de mi caminata matutina, me senté en el jardín de mi casa, frente a los árboles de banana. He aprendido que aunque me refiero a ellos como árboles, esa no es la terminología correcta. Son plantas ornamentales. Esta zona del país no produce bananas. Desde la primavera hasta la primera escarcha, lo que hay alrededor de nuestra piscina son solamente cosas dulces de ver.

Cuando recién nos mudamos a nuestra casa, sólo había tres plantas de banana. Cada año la planta-madre producía nuevos bulbos. Estos tienen una oportunidad más grande de sobrevivencia si siguen conectados a la planta-madre hasta que logren medir por lo menos un pié de altura; preferiblemente, tres pies.

Los bulbos pueden ser separados de la planta-madre y trasplantados cuando les hayan crecido dos o tres hojas. Debo ser cuidadosa al distinguir entre dos diferentes tipos de bulbos –los tipo espada y los extractores de agua. Es importante eliminar cualquier bulbo de estos últimos.

Al principio es difícil diferenciar uno del otro. Tan pronto como echan hojas, ya no pueden engañarme. Los bulbos extractores de agua tienen hojas que lucen como lanzas abiertas y alargadas; no redondas, como las demás hojas.

Nuestra planta colonia se ha multiplicado de tener tres plantas-madres originales a conformar nueve plantas crecidas de bases firmes y cinco bulbos nuevos en diferentes etapas de su desarrollo.

Brote Nuevecito

Esta mañana me sentí fascinada al observar lo que estaba sucediendo con un brote de bulbo convirtiéndose en planta. El tipo de plantas de banana que tenemos en nuestro jardín alcanza los 18 pies de altura. Este se estaba acercando a esa medida. El apretado bulbo desplegó una brillante hoja verde-amarillo y parecía tan inocente comparada a sus hojas vecinas que han sido sacudidas por el viento. La hoja nueva tiene sus orillas perfectas. Ningún viento le ha otorgado la apariencia de un cabello despeinado. Al elevarse hacia el cielo, se encontró con una de las ramas del poderoso roble de nuestro vecino.
La hoja ahora no lucía fresca e inocente. Cada día se enredaba más entre las hojas quebradizas del viejo roble.  Aunque seguía conectada a su planta-madre y creciendo, cada parte de la hoja parecía asirse al árbol. No había nada que su madre pudiera hacer para cambiar su destino. La hoja deberá lucir para siempre las cicatrices que le dejaron el haberse enredado al roble.


Mientras seguía observando las plantas de banana de mi jardín, pensaba en tantos ejemplos del perfecto plan de Dios para nuestras vidas y en cómo Satanás nos puede atraer tan fácilmente y hacernos caer en su trampa. Pensé, también, en cómo los padres crian a un hijo desde que es un “bulbo” y cómo ese niño –eventualmente– escogerá su propio camino en la vida. La naturaleza es el segundo libro de sabiduría e instrucciones de Dios. Mis plantas de banana me hacen reflexionar mucho en él.

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Por Carole Kilcher. Derechos © 2010 de
GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. Este material está sujeto a pautas de uso.


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