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Ellos Escuchan
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Fotografía: Denis Prokofyev
Mi hijo menor está asistiendo a clases de comunicaciones. Desconcertado acerca de algunas cosas que le han enseñado durante las clases, me preguntó: “Papá, tú preparas presentaciones en tu computadora, ¿no es cierto?”

Le respondí afirmativamente y él continuó haciéndome un sinnúmero detallada de preguntas. “Si estás leyendo algo en la presentación, ¿cuán grande debe ser el tipo de letra del texto? ¿Cuán grande debe ser el texto en esa presentación, para que la audiencia lo lea? ¿Cuántas palabras debes poner en cada página de la presentación? ¿Qué decir del color y del contraste?”

Eran buenas preguntas, y las contesté de acuerdo a lo que pensaba. Le dije que él deseaba más respuestas de las que le podría dar en una tarde, pero que había escrito un libro basado en las presentaciones cuando estaba preparando mi máster, y que me sentiría feliz de darle una copia.

Un amigo y yo lo escribimos como un proyecto de estudio independiente. Aún conservo la copia electrónica en mi computadora, y le di una a mi hijo. La abrió y leyó la fecha de publicación. “Tenía sólo unos meses de edad cuando terminaste este proyecto,” dijo. “Con razón no sabía nada de él.”

Consejo de un Padre

Le dije que le había dado copias del libro a sus dos hermanos mayores cuando estaban en la universidad. Era cierto, pero nunca hicieron un comentario acerca de ello. Asumí que era otro consejo de un padre depositado en algún rincón.

Entonces mi hijo menor me demostró lo equivocado que estaba. “Por éso me dijeron que te preguntara a ti cómo hacer presentaciones,” contestó. “Bill (mi hijo del medio), me dio las mismas respuestas tuyas. Hablamos un rato y él dijo que sería más rápido si te preguntara.” Mi hijo menor hojeó el documento que le había dado. “¿Ves?, creo que él debe haber citado tu libro.”

Cuando se fue pensé –no por vez primera– que los hijos escuchan a sus padres aunque no nos parezca tan obvio. A mis hijos les había regalado copias de mi libro años atrás; nueve años pasaron desde que le di una a mi hijo mayor y, cuatro, a mi segundo hijo. Durante ese tiempo, nunca recibí un comentario en relación al libro. Y, desconocía que lo utilizaban regularmente, lo suficiente como para memorizar algunos textos resumidos.

Habrá días en que le parezca que sus hijos no lo escuchan. Acójalos de todos modos. Deles el mejor consejo posible. Deles el mejor ejemplo que pueda, porque las acciones cuentan más que las palabras. No renuncie a la tarea y no se desespere. Ellos escuchan. Un día –puede que sea años después cuando sus hijos adultos conversen con los suyos que hoy no han nacido aún– usted escuchará que repiten sus propias palabras. Ahí sabrá que valió la pena.

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Por Mark N. Lardas. Derechos © 2009 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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