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¡Alábenlo!
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Fotografía: Dušan Zidar
No hace mucho vi a una mujer que estaba indignada. Había hecho algo por sus colegas y nadie le dio las gracias. Se sentía absolutamente fuera de sus casillas. “¡Típico!”, dijo, “¡haces algo por alguien y nadie te lo agradece!”

Me desconcerté un poco. Parecía que la única razón por la que ella ayudó a alguien fue para recibir elogios. Pienso que usted jamás debiera hacer algo con la esperanza que se lo agradezcan. Si lo hace abrigando expectaciones, con toda seguridad se sentirá decepcionado si no se cumpen.

¿Se imagina cómo deberá sentirse Dios? El creador del universo y poseedor de nuestras vidas, quien tanto nos bendice diariamente y, sin embargo, dejamos pasar los días sin decirle absolutamente nada. Nuestras vidas carecen de agradecimiento.

Recuerdo haber visitado hace un tiempo la iglesia a la que asiste uno de mis amigos. Una de las cosas que más recuerdo es que se palpaba en el ambiente una actitud de alabanza. Cuando el coro comenzó a cantar, la congregación se unió enseguida y había cientos de voces cantando alabanzas al Todopoderoso. Fue maravilloso. Había un sentimiento de seguridad y de acción de gracias combinado. Fue asombroso. No pude sino sentir que el cielo debe ser así, aunque cientos de veces mejor.

Alabanza Genuina


A veces las cosas en la vida se ponen tan difíciles que quedamos ciegos por el dolor. El ver cuánta luz y tranquilidad brinda el alabar a Dios, me ayuda a preguntarme si lo que deberíamos estar haciendo es alabarlo en nuestros momentos de oscuridad. Personalmente no creo que necesitemos baterías y címbalos para alabar a Dios. Estoy segura que nuestra alabanza es aceptada sin importar el volumen de ella, sino que sea genuina.

La alabanza eleva nuestra gratitud hacia otro nivel; nos acerca y refuerza más nuestra relación con Dios.

El alabar a Dios nos ayuda a comprender que somos la arcilla de esta ecuación, no el Alfarero; somos la oveja, no el Pastor. Es importante que entendamos que tratar de sobrellevar esta vida solos, es inútil. Debemos depender de alguien, y Dios está ahí para ser ese Alguien. Nunca más necesitaremos preguntarnos quién cuidará de nosotros. Dios se preocupa de nosotros y trabajará intensamente por lo que es mejor. El momento de alabanza será aquel que apartemos para expresarle nuestra gratitud.

Cuando usted pone toda su energía en decir: Señor, gracias, venga lo que venga, te agradezco igual, es como declararle la guerra a las preocupaciones de este mundo.

“Den gracias al Señor, invoquen su nombre; den a conocer sus obras entre las naciones. Cántenle, entónenle salmos; hablen de todas sus maravillas” (Salmos 105:1, 2).

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Por Maxine Young. Derechos © 2009 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSIÓN INTERNACIONAL ® 1999.


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