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Cómo Bendecir a Otros
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Foto: Massimo Valicchia
El mundo ha llegado a estar más polarizado cada día –dentro de las religiones y fuera de ellas; dentro de las comunidades y fuera de ellas; dentro de los grupos politicos y fuera de ellos… y la lista es casi interminable. Sólo lea los titulares en las noticias y esta realidad se hace presente. Así que en medio de tal fragmentación, la disciplina espiritual de bendecir a otros adquiere más y más significado.

Bendecir a otro es un arte que requiere mucha meditación, una fuerte resolución y un valor tenaz. Es una prueba intensa de la profundidad de nuestra espiritualidad. Desear el bien al otro y demostrarle honor y respeto a su identidad propia cuando se está en desacuerdo y se producen conflictos a menudo, es muy difícil de lograr y, a veces, es casi imposible.

Entonces, ¿cómo se puede ofrecer ese respeto humanamente posible? Estoy impresionada con esta declaración: “Aquellos que encuentran el valor para compartir su humanidad, pueden descubrir que podrán bendecir a cualquiera, donde sea”.1 La habilidad de bendecir a otros comienza con una cosmovisión seria y significativa, y con un paradigma espiritual: compartir su propia humanidad. Es ver al otro como parte de la misma familia, de la familia humana.

El Nuevo Testamento describe esta profunda realidad: “…un solo cuerpo y no solo Espíritu, como fuisteis también llamados en una misma esperanza de vuestra vocación; un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, el cual es sobre todos y por todos y en todos” (Efesios 4:4, 6).

Vulnerabilidades Compartidas


¿Cuáles son las implicaciones de esta cosmovisión? Como lo dijo el Dr. Remen, es estar dispuestos a “enfrentar las vulnerabilidades”. En otras palabras, reconocemos que lo que nos hace sentirnos inseguros y vulnerables es lo mismo que a los demás los hace sentirse de igual manera. La propia humanidad. Todos sentimos temor e inseguridad en cuanto al lugar que tenemos en el mundo, de nuestro valor, de nuestra habilidad de mantener nuestra dignidad, de tener algún tipo de control sobre nuestro destino y lugar en el mundo. De compartir nuestras vulnerabilidades. Y a veces demostramos esas inseguridades de forma similar y, en otras, muy distinto. Pero la raiz a menudo proviene del mismo lugar.

Por eso el texto bíblico anterior está precedido por un llamado a ser sensible a esta vulnerabilidad humana: “…con toda humildad y mansedumbre, soportándoos con paciencia los unos a los otros en amor, procurando mantener la unidad del Espíritu en el vínculo de la paz” (Efesios 4:2, 3).

Cuando estamos dispuestos a enfrentar esas vulnerabilidades compartidas, podremos ayudar a cambiar el mundo. “¿Cuánta edad tiene que tener alguien antes de olvidar que cada uno es un hijo de Dios?”2. El mantener nuestro sentido de humanidad compartiendo nuestras vulnerabilidades, nos capacitará para bendecir a otros. Por los menos, ahí es donde comienza todo.

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Por Greg Nelson. Derechos © 2009 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión REINA-VALERA © 1995.

1 Remen, Rachel Naomi, My Grandfather’s Blessings.
2 Ibid



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