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Soñando con el Cielo
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Fotografía: Studiomill
Cuando era joven y recién convertida al cristianismo me encantaba leer acerca del cielo. ¡Me parecía un lugar totalmente asombroso y bello!  Una de mis descripciones predilectas está registrada en Apocalipsis 21:18-21: “El material de su muro era de jaspe, pero la ciudad era de oro puro, semejante al vidrio limpio. Los cimientos del muro de la ciudad estaban adornados con toda clase de piedras preciosas. El primer cimiento era de jaspe, el segundo de zariro, el tercero de ágata, el cuarto de esmeralda.

Me sentaría a imaginar cómo luciría aquella hermosa ciudad y trataría de buscar imágenes de las piedras preciosas que se mencionan allí. Había una canción que cantaba y que iba muy bien con el tema de un hermoso hogar en el cielo. Hablaba de lo que recibiré allí: una mansión, un arpa y una corona.

Oraciones no Contestadas


Pero eso era entonces. Eso sucedió antes que la vida “sucediera”. Y aunque yo amo la vida e intento vivirla a fondo, no soy la inocente chica que solía imaginar cómo sería el cielo. Desde aquellos días he experimentado el dolor –físico y emocional. He tenido cirugías y una infección que me tuvo al borde de la muerte. Como pastor, he estado en demasiados funerales, consolado a muchas familias e, incluso, orado arrodillada a la cabecera de mi hermano que murió de cáncer. He hecho oraciones que aparentemente no fueron contestadas y a veces me preguntaba qué haría Dios con mi vida.

No me malentienda: ¡me estremezco al pensar que un día viviré en una mansión! Y sé que la belleza del cielo es algo que no puede imaginar mi mente terrenal.

Pero mientras tanto –leo y pienso en el cielo– a través de Apocalipsis 21: “Y oí una gran voz del cielo, que decía: ‘El tabernáculo de Dios está ahora con los hombres. Él morará con ellos, ellos seran su pueblo y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá más muerte, ni habrá más llanto ni clamor ni dolor, porque las primeras cosas ya pasaron’. El que estaba sentado en el trono dijo: ‘Yo hago nuevas todas las cosas’. Me dijo: ‘Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas’” (versículos 3-5).

Sé que me encantará mi nuevo hogar. Pero lo que más me gusta saber es que cuando llegue allá, descubriré lo que salió mal en este mundo y veré que por fin todo será correcto. Y cuando pienso lo maravilloso que será, me mantengo firme porque sé que no hay nada tan valioso como el cielo.

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Por Nancy Canwell. Derechos © 2009 de
GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. Este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión REINA-VALERA © 1995.


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