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Lazo de Tres Cabos
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Fotografía: Studiomill
Mientras participaba la semana pasada del servicio de comunión en mi iglesia, experimenté una infusión especial del Espíritu Santo. Mi marido es diácono y ha servido muchas veces a la congregación repartiendo el pan sin levadura y el jugo de uvas, pero nunca me había sentado en el lado donde le tocaba servir a él. Esta vez, insistí en sentarme a ese costado de la iglesia.

Mientras Mark se acercaba a mi asiento y me ofrecía el platillo con el pan, sentí entre nosotros un lazo que nos ataba profunda y poderosamente. Me di cuenta que al estirar mi mano para recibir el pan, símbolo del cuerpo de Cristo, el platillo era sostenido por mi esposo. Fue un momento único que me hizo darme cuenta que había un lazo entre los tres; un lazo entre Dios, mi marido y yo. Sentí lo mismo cuando el vino fue servido.

Esta no es la primera vez que me siento consciente del poder que posee un matrimonio cristiano. Después de 30 años, nuestro matrimonio es uno de los tesoros que más estimo en la vida. Pero las palabras de nuestro pastor aquel día mientras oraba por las parejas en el servicio de humildad, fueron claras y me hicieron comprender el lazo que nos unía.

Esposo, Esposa, Dios

El pastor Abel hizo una oración de bendición por las parejas y en ella mencionó un lazo de tres cabos que no es fácil de romper, y cómo el esposo, la esposa y Dios, trabajando juntos cada día, poseen la misma fuerza.

Medítelo. Recuerdo haber encontrado unos antiguos lazos de encaje en la granja donde viví cuando era niña. Habían sido utilizados para tirar cosas pesadas, para amarrar otras pero también descuidados a través del tiempo y del contacto con los elementos que deshilacharon sus extremos. Sin embargo el lazo estaba intacto, aún estaba fuerte, todavía funcionaba. Los tres cabos habían sido atados apretadamente cuando los confeccionaron, de manera que nada los podía separar. De hecho, mientras más tiraran del lazo, más fuerte se volvía.

Por otro lado, si usted ha visto un lazo de dos cabos habrá notado que es fácil de desenredar. Ambos cabos pueden ser de la mejor calidad, pero sin un tercero probablemente se deshacería con el tiempo. Un matrimonio que permita que Dios esté entretejido en cada uno de sus cabos es un lazo que no sólo puede encantar de felicidad, sino también capear la tormenta. Puede ser de encaje por fuera, pero en su centro es más fuerte que todo.

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Por Gwen Scott Simmons. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. Este material está sujeto a pautas de uso.


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