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Regalos
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Fotografía: Linda DuBose
No me preocupan excesivamente las cosas. Irónicamente, de todo lo que poseo, dos de ellas que no me gustaría perder, son mi billetera y mi chequera. No es debido a su contenido. Si un ladrón me pidiera el dinero que llevo o mis tarjetas de crédito se los entregaría sin vacilación. Más bien, son los artículos en sí mismos los que me importan –el cuero de la billetera y de mi chequera.

¿Por qué? Mis hijos lo diseñaron especialmente para mí. El más joven hizo el trabajo en cuero y el mayor, lo trabajó con las herramientas adecuadas. El hijo del medio unió las partes con un trenzado en hilo. Valoro estos artículos debido a éso, no por lo que contienen. Representan horas de trabajo que mis hijos tomaron de sus vidas para honrarme.

Mis hijos llegaron a adquirir este hábito. Mi esposa y yo frecuentemente les hacemos regalos hechos a mano. Ellos tienen colchas bordadas por su madre. Durante una navidad, cuando mis hijos y sobrinos eran pequeños, mi esposa les hizo monos de medias tejidas a todos. Las acompañó con una grabación mía leyéndoles el libro alusivo (incluso, en ella yo les decía hasta cuándo debían dar vuelta la página).

Los Más Amados

Regalos sencillos, sí. Pero los juguetes que les regalamos fueron cuidados hasta que fuera olvidado el más popular de los aparatos electrónicos. Los monos de medias tejidas –y otros juguetes similares–, fueron los más amados por ellos. Las grabaciones de los libros fueron tan tocadas, que finalmente apenas se podían entender las palabras debido al silbato de la cinta en la cassetera.

Las colchas aún son posesiones atesoradas por mis hijos, dobladas y guardadas en sus armarios, aunque algunas están bastante a mal traer. Pero, ¿pensar en deshacerse de ellas? No hay manera que ellos lo vayan a hacer. Asimismo, yo tengo un chaleco tejido por mi esposa hace décadas que también está demasiado viejo para ser usado, pero que está colgado en mi armario.

En Mateo 6:19-21, Cristo nos advierte:  “No acumulen para sí tesoros en la tierra, donde la polilla y el óxido destruyen, y donde los ladrones se meten a robar. Más bien, acumulen para sí tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el óxido carcomen, ni los ladrones se meten a robar. Porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón”.

Para mis hijos, para mi esposa y para mí, no es el valor monetario lo que hace que lo que tenemos sea valioso para nosotros. Más bien, atesoramos cosas que hayamos hecho nosotros mismos para alguien que nos ama y que tomará el tiempo para mostrar ese amor a través de un acto de creación. Esos tesoros, al final, serán víctima de la polilla y el óxido, pero el amor fundamental que los creó, vivirá más allá de ellos. Si existe un verdadero valor en algo es aquel que impartimos a través de los lazos familiares y de la amistad.

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Por Mark N. Lardas. Derechos © 2009 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSIÓN INTERNACIONAL ® 1996.


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