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Culto Familiar
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Fotografía: Tomasz Tulik
Antes de estar casada y de tener hijos, imaginaba a mi futura familia sentada alrededor de la mesa participando del culto familiar. Algunos amigos míos de la escuela secundaria me contaban acerca de sus familias leyendo la Biblia cada noche después de la cena. Viniendo de una familia que no era cristiana, me inspiraba la idea de reunir a toda la familia para hablar acerca de la fe sobre ideas comunes. Esta idea del estudio bíblico después de la cena parecía grandiosa, y yo deseaba tener un tipo de devocional así con mi propia familia.

Ahora que estoy casada y tengo un hijo de 4 años de edad, otro de dos años y medio y un bebito, nos consideramos bendecidos de poder compartir una comida completa juntos. Mi ideal previo de una cena y devocional voló por la ventana cuando mi esposo y yo tuvimos a nuestro primer hijo. De hecho, ha sido difícil encontrar el tiempo que calce en nuestros momentos de un estudio bíblico como pareja recién casada.

Siempre me ha gustado la idea de planificar mi día, porque así disfruto de la seguridad de saber lo que vendrá luego. Sin embargo, Dios tuvo un plan diferente para mi familia cuando tiene que ver con compartir nuestra fe juntos. En vez de tener esperanzas imposibles de un estudio bíblico en familia donde mis hijos estuvieran sentados y mi bebito callado, compartimos momentos de cultos espontáneos.

Un día, mi esposo se sentó frente a nuestro piano y comenzó a tocar coritos de alabanza. Todos lo disfrutamos mucho… tanto, que decidió hacerlo más a menudo. No lo hacemos a la misma hora todos los dias, pero sí adoramos juntos en forma regular. A veces uno de los niños está en el regazo de mi esposo. Otras, los chiquitos se sientan uno a cada lado de él o, la mayoría del tiempo juegan mientras escuchan los coritos.

Leyendo la Escritura

En los escazos lapsos de tiempo que tenemos mi esposo y yo para pensar en nuestras conversaciones, leemos las escrituras y oramos juntos. No planificamos un tiempo específico para esos momentos, pero suceden con frecuencia. Nuestro gran deseo de tener a Cristo como parte de nuestras vidas hace más fácil el incluir la fe en casi todas las conversaciones que tenemos. Nuestros niños no leen todavía, pero oro para que un día ellos también sean parte de nuestras discusiones. Tal vez esos momentos continuarán siendo espontáneos o, tal vez, algún día planifiquemos una cena y un momento para nuestro devocional.  Ahora estoy contenta de que sea de cualquiera de las dos maneras.

Al comparar mi ideal previo de una cena, el momento del devocional a mi vida con Jesús, he aprendido que planificar mis devociones no me convierte en una cristiana mejor. Me he dado cuenta que aunque no tenga mi “rutina” cristiana, sigo amando a Dios de la misma forma y mis hijos también aman a Jesús. De hecho, mis hijos a menudo tienen sus devocionales espontáneamente, donde cantan coritos de alabanza con nosotros o solos.

Me siento bendecida de que Dios nos alcance justo donde estamos. Si anhelamos encontrarlo, Él también lo hará.

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By Marion Ruybalid. Copyright © 2009 by GraceNotes. All rights reserved. Use of this material is subject to usage guidelines.



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