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Dirección Desconocida
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Fotografía: Dreamstime
Un día en que la temperatura ambiental de Arizona estaba sobre los 100° F, utilizaba un cupón para lavar mi carro gratis. Luego de pasarlo por la sección de espuma y, después, por las cintas de agua a presión, mi vehículo fue trasladado hacia el área del secado.

Al mirar desde adentro, a unos cincuenta pies, dos docenas de filtros lanzaron su rocío sobre mi cabeza. Tres chorros de agua en cascadas se añadieron, haciendo de un día sofocante algo más soportable.

Mientras esperaba, mis ojos siguieron al agua burbujeante salir desde unas fuentes de concreto. Y, allí, en el fondo, cientos de monedas destellaban a la luz del sol. La crisis económica actual fue confirmada debido a que la mayor parte del dinero en efectivo era cobre. Había algunos níqueles y unas pocas monedas de diez centavos junto a los centavos rojizos en su tumba líquida. Pero la escacez de monedas de veinticinco centavos confirmó que estamos en una baja financiera. Aún así, cada una de esas ínfimas monedas representaban algo mucho más que su valor nominal.

La tradición de lanzar monedas a las fuentes viene del folclor europeo. Debido a que el agua es la fuente de la vida y de la sanidad, y que a menudo escaseaba en aquel tiempo, se pensó que las fuentes de agua eran los lugares donde habitaban los dioses. Lanzar monedas de cobre o de plata al interior de una “fuente de la buena suerte” era considerado como una ofrenda a una deidad, la que podría conceder los pedidos que hacía la gente.

Esperanzas y Sueños

Antes y en la actualidad, cada pieza de dinero que ha llegado al fondo de las fuentes del mundo representa a millones, tal vez, a billones de esperanzas y de sueños anhelados por personas de cada raza, nacionalidad y cultura del planeta Tierra.

Es intrigante considerar que si cada uno de esos deseos pedidos de espalda mientras se lanza la moneda, fuera dirigido a Dios del cielo a través de una oración, ¡el Señor no se habría sentido agobiado!

Por el contrario, nuestro Creador  se sentiría estremecido debido a la multitud de seres humanos que buscan Su provisión en esta vida. Cada oración sería escuchada; cada petición, concedida –aunque no siempre exactamente como lo deseamos. Alguien dijo una vez: “Parte de nuestra madurez al orar es aprender a no pedir lo que anhelamos, sino a desear lo que recibimos.” La Biblia dice: “‘Porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes –afirma el Señor–, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza’” (Jeremías 29:11).

Dios puede y contesta oraciones continuamente según sea mejor para nosotros. Los deseos –por otro lado–, acaban en el buzón junto a la correspondencia con dirección desconocida.

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Por Kathy A. Lewis. Derechos © 2009 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSIÓN INTERNACIONAL ® 1999.


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