Home > Archives > La Familia es lo Primero >
.
El Don de las Palabras
.
Fotografía: Hemera
Existen momentos cuando parece que el logro más grande del cuidado de los niños, ¡es mantenerlos vivos! Los desafíos de ser padres son muchos y cometemos demasiados errores. De todos modos, para cuando los niños llegan a la edad adulta, uno es tentado a creer que algo bueno debe haber ocurrido.

Si hice algo bueno como madre, creo que fue traspasarles mi aprecio y valor por la lectura. Cuando nuestro primer hijo tenía ocho meses de edad, comenzamos a ver juntos aquellos libros con dibujos. Zacarías tenía apenas dos años, cuando compré una serie de 20 volúmenes de “Value Tales” (Historias Valiosas) que ilustraba la vida de personajes famosos. Sé que leímos la historia de Louis Pasteur muchas veces. Teníamos la rutina de leer tres o cuatro libros y cantar algunas canciones, antes de irnos a la cama cada noche.

No mucho después, empecé a compilar mi propio libro dedicado a él, hecho con recortes de revistas, calendarios y tarjetas. Las fotos eran de cosas que yo sabía que a él le gustaban-comida, animales, personas, flores, niños y personajes bíblicos. Pegué las coloridas fotos en papel grueso y brilloso y empasté el libro. Me sentaba a menudo con Zacarías para mirar y hablar acerca de cada página del libro. Cuando nació su hermanita, también hice uno para ella.

Empezando Temprano

Cuando Zacarías tuvo la edad suficiente para comenzar a caminar, lo llevé a la sección de libros infantiles de la biblioteca universitaria. Luego, cuando Lauren comenzó a caminar, los llevé a ambos a la biblioteca pública de nuestra ciudad durante “Story Time” (Momento de Escuchar la Historia). Nos preocupábamos de escoger libros que sirvieran para los dos y regresábamos a la biblioteca casi cada semana. A Lauren le encantaban los libros pequeños para bebés y se dormía junto a ellos.

Al ir creciendo Zacarías, busqué una manera de conectarme diariamente con él, así que me ofrecí para leerle libros todas las mañanas cuando despertaba. A los nueve años de edad, él mismo ponía su despertador para levantarse, sentándose en el sofá mientras yo le leía durante quince o veinte minutos antes de irse a la escuela. Continuamos con ese ritual hasta que cumplió los 16 años de edad y la vida comenzó a complicarse. No estaba segura si realmente estaba despierto mientras le leía, pero con seguridad gocé de esos quietos momentos y de todos los volúmenes que descubrimos juntos.

Como una floreciente y tardía literata, Lauren, en el último año de la escuela secundaria, descubrió su amor por la literatura gracias a un curso de estudio en el hogar. Poco después, comenzó a leer libros de ayuda personal e inspiracionales. Durante sus primeros años en la Universidad, ayudó a corregir los manuscritos de su tío y discutieron juntos el argumento. Durante los últimos años, uno de sus mayores placeres ha sido visitar las tiendas de libros. Por espacio de un año, trabajó en la cafetería de una librería. Hasta ha hablado de recolectar algunas de sus vivencias y escribir un libro.

Creo que nuestros hijos se han beneficiado con un vocabulario extenso que fue inculcado al escuchar historias y leer libros. Vocabulario traducido a dinero para una beca del colegio, por uno de ellos. El don de las palabras enriqueció sus habilidades para comunicarse con muchas personas.

Poseyendo, prestando, escribiendo y hablando de libros son algunas de las cosas que gozamos como familia. Encontrar la biblioteca pública más cercana, era una de las primeras cosas que hacía luego de cada mudanza. Ciertamente, leyendo la Palabra de Dios y las historias de grandes personajes de todo el mundo, es algo que ha funcionado en la crianza de nuestros hijos.
______________________________

Por Karen Spruill, M.A. Derecho de autor © 2005 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Traducido por Chari Torres.


SiteMap. Powered by SimpleUpdates.com © 2002-2016. User Login / Customize.