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Libre al Fin
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Fotografia: Carlos Paes
Jim siente una presencia malévola llenar la habitación. Apaga la computadora, cae al suelo y comienza a implorar a Dios que aleje al demonio y limpie aquel lugar, la computadora, y todo su ser.

Jim es adicto a la pornografía. Comenzó hace poco, a través del adjunto de un correo electrónico que le ofrecía datos sobre una agencia de “servicio de citas.” Jim era soltero y fue atraído por las fotografías. Eso lo llevó a ver más retratos y otros sitios aún más explícitos. Se sintió atrapado. No supo qué hacer ni a quién acudir. Se sentía impotente.

Luego asistió a una campaña evangelística llamada “12 Pasos para ser Cristiano” (Christian 12-Step Meetings). Escuchó acerca de cómo liberarse de esa adicción a través de Cristo. Necesitaba admitir que ese vicio lo tenía preso, y no sabía cómo liberarse. Comprendió que, si se lo permitimos, Dios es poderoso y está dispuesto a tomar el control de nuestra voluntad y de nuestra vida. Entonces comenzó a tener sentido la confesión que conlleva a la sanidad. Aunque a Jim le asustaba sentirse vulnerable, sabía que necesitaba ser sanado.

En una de las reuniones de grupos pequeños para varones, Jim se confesó. Compartió con los demás acerca de su addicción a la pornografía. Les expresó que nunca se había sentido tentado a leer revistas o a ver programas pornográficos, pero el hacerlo a través de la computadora lo había atrapado. Confesó lo fácil que había sido entrar en esos sitios; pero lo difícil que le había resultado dejarlos. Cuando terminó de hablar, ninguno de los hombres que estaban allí lo hizo sentirse condenado. Nadie pareció impactado. Ninguno de ellos se rió con disimulo desde la última banca. Por el contrario; le agradecieron que compartiera con ellos. Luego, otra persona se dispuso a hablarle al grupo.

Se Rompió el Poder

Desde ese momento Jim comprendió lo que se le había enseñado en cuanto a compartir de su adicción, rompiendo el poder que tenía sobre él ese vicio. Ya no existían secretos. Su poder se había roto. Ahora sentía una especie de energía renovada para enfrentar su problema con la ayuda de Dios.

Jim borró sus archivos. Reformateó su computadora. Se sentía diferente. La adicción ya no tenía dominio sobre él.

Entonces, le llegó un correo electrónico de parte de una agencia de servicio de citas local. Abrió el archivo y sintió que una presencia malévola llenaba el cuarto, igual como lo relaté al principio de este artículo. Esta vez, Jim sabía lo que tenía que hacer. Lo borró, apagó la computadora y comenzó a orar. La presencia malévola se alejó y Jim se sintió liberado.

Jim compartió su experiencia en la próxima reunión de los “12 Pasos”, y cómo llegó a ser libre.  También otros hombres contaron cómo llegaron a ser victoriosos sobre sus vicios. Todos concordaron que el compartir y el sentirse vulnerables con los demás, les había dado el poder de la liberación.

Hace casi 2.000 años atrás, Santiago nos dijo: “Por eso, confiésense unos a otros sus pecados, y oren unos por otros, para que sean sanados. La oración del justo es poderosa y eficaz” (Santiago 5:16).

Santiago comprendía el poder de la confesión. Jim, estaba aprendiéndolo.

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Por Chad McComas. Derechos © 2009 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSIÓN INTERNACIONAL ® 1999.


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