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La Casa de Freddy
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Fotografia: Dreamstime
Han pasado muchos años y me duele recordar aquella casa. Me entristece hablar sobre la tensión y el clima  que reinaba allí.

Yo era muy niño, pero recuerdo a los padres de Freddy. Cuando comenzaban a beber, Pepe terminaba golpeando a María. En más de alguna ocasión fui testigo de aquellos rápidos y letales puños.

Freddy, que tenía doce años de edad en aquel entonces, sentía que nadie lo quería y pese a su corta edad se subía al entretecho donde su familia guardaba mercaderías y, tal vez en su afán de huir de aquella situación y para no escuchar las peleas de sus padres, Freddy se iba al rincón donde estaban almacenadas las botellas de vino y se ponía a beber.  A los 14 años ya era un bebedor habitual y a los 16, se fue de su casa. Lo sentí mucho… él era mi mejor amigo.

Siempre supe de él, pero a distancia. Se ponía agresivo y provocaba muchos problemas en los bares. Pudo estudiar Refrigeración Industrial casi milagrosamente y así se ganaba el sustento para su familia. Pero su único afán era beber. Bebía entre 3 a 4 litros de vino al día, toda esta grave situación repercutió en su matrimonio.

Imaginé lo Peor

Una noche llegué a mi casa más temprano que de costumbre. Me dijeron que Freddy había ido a buscarme. Imaginé lo peor debido a la condición en la cual había visto a mi amigo en los últimos días. Corrí hasta la calle Emetereo Goyenechea #1432. Lo encontré con un cinturón en el cuello. Forcejeamos un poco, ¡y logré arrebatárselo! Lloramos… conversamos… oramos... Por fin se tranquilizó y me quedé en silencio, junto a él, por un buen rato.

Han pasado algunos años desde ese incidente. Freddy reconoce que tiene un gran problema, y eso es esencial para quien espera recuperarse de su adicción al alcohol. Estamos estudiando la Biblia y conversamos a diario. No será fácil, tomará mucho tiempo y él está dispuesto a realizar el cambio.

Descubrió que la oración es muy útil y creo –por mi experiencia personal– que muy pronto Freddy podrá decir que es un un hombre libre, porque el poder que se extiende más allá de lo normal, lo fortalecerá tal como lo promete este pasaje bíblico: “Nos vemos atribulados en todo, pero no abatidos; perplejos, pero no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, pero no destruidos”  (2 Corintios  4:8-9).

Al mirar aquella casa, pienso que lo que más anhelaba Freddy era llenar el gran vacío que tenía en su vida. Hoy esa casa… (sí, la casa de Freddy), ¡es un lugar de oración!

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Por Alejandro Oscar González Catalán. Derechos © 2013 de
GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. Este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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