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El Sumidero
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Foto: Torian Dixon
El 8 de mayo de 1981, Mae Rose Owens comenzó a notar que el suelo se erosionaba alrededor de los tres dormitorios de su casa en Winter Park, Florida. En sólo unos días, la tierra se tragó la casa, los árboles circundantes, la mitad de una piscina olímpica de la comunidad, una parte del camino y cinco automóviles Porch estacionados en una tienda de carros cercana.

Se calculó que hubo $4 millones de dólares en daños en ese sumidero o hueco de 350 pies de ancho por 150 pies de profundidad. El nivel de agua subterránea durante un período de sequía fue la causa de este desastre.

Hoy, Lake Rose (nombre derivado de la señora que perdió su casa), parece un pequeño lago para la pesca en medio de esta ciudad al este de Orlando.

Irónicamente el capítulo 16 de Números, uno de los libros del Antiguo Testamento de la Biblia, relata la historia de un dramático y frío sumidero mantenido en movimiento por el Dios de los cielos.

Cuando los israelitas vagaban por el desierto y antes de entrar a la tierra de Canaán, Moisés fue el dirigente designado por Dios para que los gobernara y, su hermano Aarón, el sumo sacerdote. En ese tiempo varias insurrecciones contra el liderazgo ordenado por Dios habían ocurrido. Números 16 registra la narración de cómo la gente se alejó de las tiendas de Coré, Datán y Abirán.  Cerca de 250 o más líderes procuraron derrocar a Moisés y a Aarón, y trataron de convertirse ellos mismos en sacerdotes.

Fin al Desacato


Dios puso fin a su desprecio y rebelión abriendo la tierra bajo los principales instigadores. De acuerdo a Números 16:31-33, “…tan pronto como Moisés terminó de hablar, la tierra se abrió debajo de ellos; se abrió y se los tragó, a ellos y a sus familias, junto con la gente y las posesiones de Coré. Bajaron vivos al sepulcro, junto con todo lo que tenían, y la tierra se cerró sobre ellos. De este modo fueron eliminados de la comunidad” (fuego consumidor bajó de parte de Dios para consumir a otros 250 líderes más).

Este serio episodio nos insta a la reflexión: ¿Cuál fue la raíz de esta diabólica insurrección? Esos hombres eran líderes de reconocido rango y reputación, pero no eran sacerdotes. El resentimiento y el descontento comenzó a amargarlos. Y al medio mismo de su disgusto, ¡deseaban mucho más! No contentos con el honor y las responsabilidades que Dios les había concedido, deseaban el sacerdocio también.

¿Se ha encontrado deseando más –más dinero, una casa más grande, un vehículo nuevo, la última tecnología? ¿Aunque cuenta con la bendición de tener una pareja, se descubre mirando o pensando en alguien que podría ser mejor para usted? ¿Está descontento con esta etapa de su vida? ¿Desea, usted, más poder, prestigio o posición en su trabajo, en la iglesia o en la comunidad?

La alegría es la clave de la felicidad. Si nos enfocamos en lo que no tenemos, seguiremos anhelando y deseando más. Pero si, por otro lado, cultivamos una actitud agradecida reconociendo verdaderamente las muchas bendiciones que Dios nos ha dado, nuestros corazones se sentirán plenos y nuestro anhelo de poseer más cosas se desvanecerá.

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Por Kathy A. Lewis. Derechos © 2009 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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