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Algo Imposible de Pagar
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Fotografía: Katja Kodba
Una vez escuché la historia de una mujer a cuyo marido se le diagnosticó un devastador cáncer y debió comenzar enseguida con su tratamiento. Durante los días que siguieron ella tuvo que tomar dos buses para llegar a visitarlo al hospital. Hizo todas las compras, pagó las cuentas a tiempo y cortó el césped de su casa. Cuando el marido regresó al hogar, su mujer lo cuidó amorosa y tiernamente hasta que por fin pudo ponerse en pie.

Tal vez el darse cuenta de todo lo que ella hizo por él lo llevó a sentir gratitud y sin saber exactamente cómo retribuirle además de darle las “gracias”, sintió la necesidad de decirle que “se lo pagaría con creces”. Aún recuerdo la mirada de perplejidad en la cara y en la voz de la mujer. Todo había sucedido hacía ya muchos años. Su marido se recuperó completamente, pero ella seguía afectada por lo que él le dijo aquel día. Lo había cuidado porque era su esposo, porque lo amaba, porque había sobrevivido a esa horrible enfermedad y porque deseaba que se sintiera bien… no porque esperara retribución alguna. Después de todo, ¿cómo podría pagarle todo lo que hizo por él? Que lo cuidara como lo hizo no fue un favor –fue amor.

A veces el Amor es Acción

¿Espera una madre amorosa que su hijo le pague por las noches en vela que pasó cuidándolo? ¿Quiere que su mascota le lleve el desayuno a la cama una mañana en pago al cuidado, a los alimentos y a los juguetes divertidos que usted le ha brindado? ¿No le parece ridículo? Mientras más pienso en ello, me doy cuenta que el verdadero amor no es tan difícil de entender, pero debido a que soy un ser humano y he crecido escuchando frases como “no hay nada gratis en este mundo” o “no puedes obtener algo por nada”, se me hace complicado asimilarlo.

Hacer algo sin esperar nada a cambio es valioso y poco común. Sea tedioso o simple, cuando usted hace algo por alguien y no espera nada a cambio –ni siquiera un “gracias”, usted está representando al verdadero amor.

Si supiera que Dios estuvo al otro lado de la puerta de entrada de su casa, esperando reunirse con usted para enviar a Jesús a morir en su lugar, ¿no se quedaría asombrado? ¿No se sentiría desalentado como yo si supiera que Dios está esperando pagar para que lo cuiden y para evitarle daños y peligros? ¿Cómo podría ponerle precio al amor? Imagínelo: cinco dólares por ayudarme a cruzar la calle sin peligro, cien dólares por no permitir que me ahogara aquella vez y cerca de $500 dólares cuando salí bien en esa intervención al corazón.

¿Ve dónde quiero llegar al decir esto? Es simplemente imposible. No podemos pagarle a Dios. Nos sentimos bendecidos por no tener que hacerlo y todo lo que nos queda es aceptarlo en forma agradecida.

Dios nos ama de verdad. Escogió amarnos y actuar en base a él. Dios nos ama simplemente por lo que somos. Es difícil comprenderlo, imposible de pagar e inimaginable no ser afectado por ese amor.

“Dios amó tanto a la gente de este mundo, que me entregó a mí, que soy su único Hijo, para que todo el que crea en mí no muera, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16).

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Por Maxine Young. Derechos © 2014 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión BIBLIA EN LENGUAJE SENCILLO, ® 2000.


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