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Grabado en Mi Corazón
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Foto: Sascha Dunkhorst
No me lo puedo quitar. Mi anillo de matrimonio.

Si no viviera en un ambiente tropical y húmedo, si bebiera más agua y comiera menos sal y, más importante aún, si no estuviera embarazada de seis meses, probablemente no tendría este problema. Pero tengo todas esas cosas.

Y no me puedo quitar mi anillo de matrimonio.

He escuchado muchas historias durante esta etapa de mi embarazo acerca de mujeres que se olvidan del anillo de bodas. Olvidan que el embarazo generalmente acarrea algunas hinchazones indeseadas y que deben ir a la sala de emergencia para que les corten el anillo antes que la circulación haga estragos en sus dedos. Siempre pienso en aquellas mujeres que hacen algo tan tonto. ¿Quién se podría olvidar de verificar algo así?

Consciente o inconscientemente, yo también lo olvidé. Tal vez no deseaba que llegara el día cuando tendrían que quitarme el anillo nuevamente (como en mis embarazos anteriores). Hay tan poco en mi vida que sea permanente. Llevar mi anillo de bodas –símbolo de la permanencia de mis votos matrimoniales– es muy importante para mí.

Cambio Constante

Pertenecemos al ejército, de manera que nuestras vidas están en un cambio constante. Pareciera que nuestro universo funciona de acuerdo a un reloj que nos marca el tiempo cada tres años. Cada tres años –casa, carro, escuela, clima, condado– todo puede cambiar. Es emocionante y agotador. Y me hace aferrarme a esas pequeñas permanencias en mi vida. Como mi anillo de casada.

Mi anillo de bodas es mi marca. Me recuerda de mí misma. Declara que soy la esposa de este hombre.

En el Antiguo Testamento existía la costumbre que un siervo o esclavo escogiera tener una marca de la casa que servía, permanente o no. Un siervo hebreo se debía a su amo durante seis años, pero en el séptimo (año del aniversario), podía ser liberado. Sin embargo, si el sirviente había sido feliz en su trabajo –si se sentía como en su casa con su señor, si había descubierto que vivir con su amo era mucho mejor que tener que sufrir por sí solo–, entonces la ley proveía lo siguiente: “Si el esclavo llega a declarar: ‘Yo no quiero recobrar mi libertad, pues le tengo cariño a mi amo, a mi mujer y a mis hijos’, el amo lo hará comparecer ante los jueces, luego lo llevará a una puerta, o al marco de una puerta, y allí le horadará la oreja con un punzón. Así el esclavo quedará de por vida con su amo” (Exodo 21:5-6).

Al perforársele la oreja, el siervo declaraba públicamente que elegía servir a su señor por el resto de su vida. Ese era el recordatorio físico de su compromiso.

Me gusta mi anillo de bodas y su significado, pero una marca mucho más importante para mí es recibir aquella que mi Buen Amo pone en mi corazón y en mi mente cuando declaro mi decisión de servirlo para siempre.

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Por Joelle Yamada. Derechos © 2012 de
GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. Este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL ® 1999.


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