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¡Cógela!
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Fotografía: Karen Roach
Cada tarde saco a pasear a mi perro. Mientras camino, la mayoría de las veces veo a un padre con sus dos hijos en el patio del frente de mi casa practicando béisbol.  Casi al llegar a la esquina escuché un “tinc” constante, como si un bate de aluminio golperara algo. No a pelotas que usualmente se utilizan en béisbol, sino a plásticas. El padre, desde un taburete plegable, extrae las pelotas de un cubo y, en forma casual, lanza una y, luego, otra. Uno de los niños las golpea con su bate. Las pelotas son demasiado livianas para llegar lejos con cada golpe. Aterrizan en el antejardín. El otro chico corre alrededor de la casa recogiéndolas y depositándolas en un segundo cubo. Cuando el primer cubo está vacío, los chicos cambian posiciones.

El padre debe tener más de treinta y cinco años. Uno de sus hijos es alto y larguirucho, de aproximadamente unos doce o trece años de edad. El otro niño debe tener cinco. El hijo mayor generalmente es quien golpea las pelotas que lanza el padre. El hermano pequeño logra conectar la mitad de las veces, aunque trata de hacerlo. Quiere ser tan bueno como su hermano mayor.

A veces juegan al catch, lanzando y cogiendo las pelota de aquí para allá entre ellos. A veces el padre es quien lanza las pelotas a gran altura, dando a sus hijos la oportunidad de practicar mientras las capturan en el aire. A veces el padre hace de receptor agachado, mientras el hijo menor lanza tantas veces como su hermano mayor.

Lo que me impacta es que en el circuito por donde camino, esa casa es generalmente la única donde un padre está haciendo algo con sus hijos. Muchas casas del vecindario tienen niños –tal vez una de cada cuatro. Uno puede ver grupos de niños por el vecindario así como lo hacía yo durante mi niñez. Pero es al frente de esta casa que regularmente veo al padre jugar con sus hijos.

Compartiendo el Tiempo

Estoy seguro que hay padres en otros vecindarios que realizan actividades al aire libre con sus hijos. Pero también sé que hay muchos padres del vecindario que pasan sus tardes frente al televisor. Se dicen a sí mismos que sus hijos tienen sus propios intereses. ¿Por qué querrían compartir el tiempo con sus padres?

Es fácil caer en esa trampa. Entonces se levanta la pregunta: ¿Quién realmente está criando a sus hijos? No es usted. Usted tal vez les provea los alimentos, la ropa y un lugar donde comer, pero alguien más está modelándolos mientras crecen. Alguien o algunos son quienes están con ellos cada día. Pueden ser otros niños al igual que ellos. Entonces, ¿qué pasa? Dudo que esos niños tengan mejor juicio que los adultos.

El padre que juega con sus dos hijos en aquel jardín del vecindario, está brindándole a sus niños lo más precioso que tiene –su tiempo. Es algo que ellos recordarán cuando sean adultos y es de esperar que se lo traspasen a sus propios hijos.

A veces pienso decirle a ese padre el excelente trabajo que hace con sus hijos. Pero nunca lo hago. Ojalá se de cuenta de la importancia que tiene un simple juego de pelota.

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Por Mark N. Lardas. Derechos © 2009 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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