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A Su Imagen
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Fotografía: John Vernon
¿Se ha detenido a pensar que cuando Dios creó el mundo sólo dijo la palabra y todo fue hecho? Porque antes que existiera nada, ya existía Aquel que es la Palabra.

Juan dice que “cuando Dios creó todas las cosas, la Palabra estaba allí, que todo fue creado por ella, y sin ella, nada se hizo. De la Palabra nace la vida, y ella, que es la vida, también es nuestra luz. La luz que alumbra en la oscuridad, ¡nada puede destruirla!” (Juan 1:1-5).

Pero lo interesante de la creación es que cuando Dios pensó en crear al hombre habló de “hacer”. Es decir, no es que Dios haya dicho la palabra y ¡búm! apareció Adán. Esto nos hace pensar que Dios “se tomó el tiempo para formar” al hombre. Y no sólo para formar su cuerpo, su organismo, sus arterias, su cerebro, sus ojos, sus manos, sus pies… ¡sino que quiso que fuera igualito a Él! (Génesis 1:26). Y si quiso que fuera como Él, quiere decir que puso en su interior los deseos de Su corazón. Ese anhelo imperioso de hacer de su creación algo hermoso y bueno para todos.

Me gusta pensar que cuando Jesús vino a la tierra para ser como uno de nosotros, quiso demostrar que se puede vivir “a la imagen del Padre”… sin mezquindades, sin odios, sin rencores, sin maldad, sin ofensas, sin robos, sin delitos, sin vicios. Vivir a la imagen y semejanza del Padre.

Distintos sin ser Raros

Desde que era un niño Jesús demostró que se puede ser distinto a los demás sin ser un tipo raro. Lo imagino en el templo hablando con los sacerdores y diciéndoles grandes verdades que, tal vez, ni siquiera sabía el impacto que tendrían en el mundo. Los sacerdotes se admiraban al escuchar a ese Niñito que no había asistido a las escuelas de los rabinos… ¡y los dejaba maravillados por su sabiduría y conocimiento de las Escrituras!

Me gusta pensar que Jesús fue un niño, un adolescente y un adulto-joven que hizo todas las cosas que comúnmente hace cualquier otro niño, adolescente y adulto-joven. Y lo hizo con alegría, ayudando a sus padres a salir adelante en la vida, siendo un buen amigo, saludando a sus vecinos cuando caminaba por las calles de Nazaret. Me pregunto si cuando Jesús iba a la sinagoga, los maestros de la ley le pedirían que leyera los rollos de los profetas o anunciara un himno, ¿o lo marginaban por no haber estudiado con ellos en sus escuelas y por ser un “don nadie”?

Y es que hoy en día  a nosotros –como iglesia– nos gusta categorizar a las personas. Nos gusta ver cualidades en algunos y no en otros. Somos selectivos con la gente. Pero yo quiero pensar que el evangelio de Jesús no pertenece a las iglesias, sino que pertenece al mundo.

Porque mientras discutimos en juntas cómo deberíamos adorar, qué cantar y que nó, si podemos tocar ese o aquel instrumento musical, si las mujeres deben usar vestidos o pantalones, si aquel joven debe borrarse los tatuajes que se hizo hace más de diez años y aún no se lo perdonamos… mientras todo eso ocurre al interior de nuestros templos, ¡el mundo se muere de desesperanza!

Volvamos al principio… (y esto lo digo textualmente), ¿por qué no permitir que Dios nos vuelva a crear a su imagen y semejanza? ¿No es éso lo que anheló nuestro Padre en Su creación?

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Por Chari Torres. Derechos © 2009 de
GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. Este material está sujeto a pautas de uso. Los textos bíblicos han sido extraídos de la versión TRADUCCION EN LENGUAJE ACTUAL ® 2002.


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