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El Regalo de Bodas
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Mi regalo de bodas preferido no fue una tarjeta con mucho dinero en ella. No fue algún aparato necesario para la cocina. No fue una reliquia familiar para mi hogar. Fue algo para colgar en la pared de 8”x10”. No es un adorno bonito, y ni recuerdo quién nos lo regaló. Sino un sencillo marco y estera que presenta una sesión escrita caligráficamente con el mejor consejo matrimonial que jamás nadie me haya dado. Casi 13 años después, aún ocupa un sitio de honor en la pared de nuestro dormitorio.

Recientemente leí un artículo en CNN.com, titulado: “En Busca del Secreto de un Matrimonio Feliz”. Presentaba las conclusiones de algunos estudios a largo plazo que intentaban descubrir qué es lo que mantenía vivo el amor en las parejas. Los investigadores descubrieron que comenzar una familia con grandes patrones de estrés hacía que el 90% de las madres y padres vieran algún tipo de disminución en la satisfacción en pareja. También observaron que las parejas sin hijos no tenían garantizado que todo fuera bien en sus vidas. Antes que el estar ocupados les restara felicidad, se instalaba el aburrimiento en ellos. Como se esperaba, los psicólogos citados en el artículo sugirieron que las parejas priorizaran sus momentos compartidos y exploraran nuevos pasatiempos e intereses para mantener fuera la monotonía de la monogamia.

Eso está bien, pero me gustaría sugerir un secreto fundamental y mucho más profundo para el matrimonio feliz. Permítame terminar contándole acerca de mi regalo de bodas preferido. Dice así:

Más de lo Merecido

“Un buen matrimonio es aquel en que ambos piensan que recibieron más de lo que merecían.”

Para mí este simple dicho habla del interés –un arte prácticamente olvidado en nuestra cultura del “yo primero”. Armadas con esta actitud, las parejas pueden prevenir casi cualquier problema de relación antes de amargarse y comenzar a crecer. Cuando observo las palabras del cuadro que cuelga en mi pared, recuerdo valorar y apreciar a mi esposo (incluso en aquellos días en que me vuelve loca). Me impulsa el considerar, por lo menos, que puedo estar comportándome egoístamente en una situación dada y, luego, si hay necesidad, ajusto mi actitud para ver el asunto desde su perspectiva.

Mi esposo en un regalo del cual he sido bendecida al recibirlo. No lo merezco, pero lo recibí a pesar de los muchos defectos que brindé a la relación. Mientras compartamos mutuamente esa predisposición hacia una apreciación sin egoísmo, nos trataremos en forma natural con esa mezcla de amor perfecto y respeto que crea no sólo un buen matrimonio, sino uno estupendo.

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Por Hannah Henry. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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