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El Florero de Sara
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Foto: Philippe Ramakers
Los padres de Sara eran nuevos en el pueblo y Sara estaba recién comenzando a conocer a sus compañeros de la Escuelita Dominical en su nueva iglesia. La alumna de segundo grado estaba llena de energía y de travesuras. Mi esposa era la maestra de Sara, lo que nos proporcionó una abundante cantidad de historias graciosas acerca de la pequeña.

U domingo mi esposa había preparado una lección para su clase que hablaba de ser útil. Les enseñó a los niños muy tiernamente que todos pueden ser útiles, que es como servir a Dios y que hacerlo es digno de honor. Los niños asimilaron en silencio la historia de mi esposa y cuando terminó la lección, hubo un corto momento de silencio. Sara lo rompió. Con suaves modales, dijo dulcemente: “Maestra, ¿qué puedo hacer? Yo no sé hacer muchas cosas últiles. No sé cómo hacer algo que sea digno de honor.”

Mi esposa no esperaba ese tipo de respuesta. Así que echó una rápida mirada a su alrededor y vio un florero vacío en el umbral de la ventana. “Sara, puedes traer una flor y ponerla dentro del florero. Eso sería una cosa honorable.”

Sara pensó un momento. Entonces, dijo: “Pero eso no es importante.”

“¡Claro que lo es!” contestó mi esposa. “Es como si ayudaras a alguien.”

El próximo domingo Sara trajo un diente de león y lo puso dentro del florero. De echo, lo hizo domingo tras domingo. Sin más recordatorios ni ayuda, traía su flor y la ponía dentro del florero. Mi esposa le contó esto a nuestro pastor y al domingo siguiente, él puso el florero en el santuario principal, junto al púlpito. Predicó un sermón acerca de cómo servir a los demás utilizando el florero de Sara como ejemplo. Fue buena la respuesta de la congregación en cuanto a ese sermón, y la semana comenzó con una nota positiva.

Durante aquella semana recibí una llamada telefónica de la madre de Sara. Me contó que su conducta había cambiado y que estaba sin apetito. Alenté a la madre y acomodé mi horario para ir a ver a Sara al día siguiente. Luego de un día normal de pruebas y exámenes, me senté en mi oficina con los papeles de Sara sobre el escritorio. Los resultados contenían una trágica noticia.

¿Por qué Dios permite algo Así?


Camino a casa me detuve para ver a los padres de Sara y hablarles personalmente acerca de los resultados de los exámenes. La genética de Sara y la leucemia eran una mala combinación. Sentados junto a la mesa de la cocina, hice todo lo posible para explicarles que no se podía hacer nada para salvarle la vida.  Creo que nunca he enfrentado una situación más difícil que ésa. La madre de Sara me miró con lágrimas en sus ojos, y me preguntó: “¿Por qué Dios permite algo así?”

La condición de Sara empeoró y tuvo que ser confinada a estar en cama todo el tiempo. Pronto dejaría este mundo. Le aconsejé a los padres pasar con ella todo el tiempo que les fuera posible.

Eso sucedió el viernes por la tarde. El domingo de mañana la iglesia comenzó como siempre. Casi al final del sermón, el pastor dejó de hablar en forma sorpresiva. Miró hacia la parte posterior de la iglesia con gran asombro. Todos se volvieron a mirar qué era lo que observaba el pastor. ¡Era Sara! Sus padres la habían llevado a la iglesia por última vez. La llevaban en brazos, cubierta con una frazada y con un diente de león en una de sus manitos. Lentamente caminó hacia el frente de la iglesia donde su florero aún estaba junto al púlpito. Depositó la flor adentro y, además, puso un papel cerca suyo.

Sara murió cuatro días después. El pastor quiso verme después del funeral. “David, tengo algo que usted debe ver”.  Sacó de su bolsillo el papel que Sara había dejado junto al florero y luego me lo entregó, mientras decía: “Es mejor que usted lo tenga; le puede ayudar mientras realiza su trabajo”. Desdoblé el papel para leer lo que Sara había escrito.

Con una crayola color rosado, Sara había dejado este mensaje:

Querido Dios,
Este florero ha sido el honor más grande de mi vida.
Sara.

La nota dejada por Sara junto al florero me ayudaron a entender, por lo menos, en parte. Ahora comprendo de forma distinta que la vida es una oportunidad para servir a Dios a través del servicio a los demás. Y, tal como lo expresó Sara, es el honor más grande de la vida.

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Por David Cerqueira, M.D. Portions reimpreso con el permiso de Signs of the Times, noviembre, 2006. Derechos © 2009 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. Este material está sujeto a pautas de uso.


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