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Momento de Grillos
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Fotografia: Dani Ditto
Un día, moviéndome alrededor de la cocina con guantes amarillos en las manos, me dispuse a limpiar el líquido esparcido por el mesón antes que cayera al suelo. Había tomado un tazón lleno de jugo de zanahoria recién exprimido desenchufando rápidamente el exprimidor eléctrico con la otra mano. Ahí, ¡sucedió! El tazón plástico azul repleto hasta el borde con aquel líquido anaranjado, voló de mi mano.

En cosa de segundos el colorido jugo de zanahoria salpicó todo. La pared blanca inmaculada de formica como varios aparatos de la cocina, fueron bautizados con aquel jugo.

El desborde formó rápidamente una especie de río cayendo desde arriba de los gabinetes de roble y de la cocina a gas, goteando hacia abajo, por entre las oscuras orillas de la madera.

Sorprendida por la magnitud del caos que formé con una mala acción de mi mano, me di cuenta que necesitaría mover la cocina a gas para poder limpiar bien. Con un esfuerzo que sólo puede realizar Hércules, moví y jalé de lado a lado, hasta que no estuvo todo brillante en la cocina.

Observé cómo el jugo de zanahoria se mezclaba con la suciedad y el polvo, con amarras para bolsas para la basura y con una botella plástica amarilla, empapando las grietas de la losa del piso de mi cocina que una vez fueron de color crema.

Está demás decir que este lío me tomó bastante tiempo para lograr purgarlo completamente.

Hoyo en la Pared

Durante la limpieza descubrí algo extraño. En la base de la pared posterior de la cocina a gas, había un área de una pulgada de altura y quizás ocho de ancho. Ese hoyo parecía conducir hacia la cavidad de la base de nuestra casa.

Mientras empuñaba mis manos “enguantadas” y metía por la pared el compuesto que cerraría aquel hueco, me sentí tan molesta por la astucia del dueño de la casa que pensó que nadie sacaría la cocina a gas de su lugar para descubrir ese enorme hoyo en la pared.

“Insectos y lagartijas podrían entrar por aquí,” reflexioné. ¡Y entonces lo supe! Tres años he estado combatiendo con los grillos dentro de mi casa. Desde febrero a noviembre, durante 10 meses del año, han estado haciendo su hogar tratando de dar el golpe.

En días buenos, los agarré y los lancé fuera de casa. Otras veces, encontraron la muerte en el lavamanos. Incluso consideré comprar una de esas aspiradoras educativas para niños que permiten chupar un insecto y estudiarlo por el tubo plástico que lo pondrá finalmente en su nuevo hogar.

La parte más frustrante del conflicto fue esa. ¿Por dónde estarían entrando los grillos a mi casa? La respuesta me llegó de repente. La caverna en la pared donde está la cocina a gas, era como un letrero de neón intermitente para esos insectos. Vacante. ¡Dejaremos la luz encendida para usted!

Después de rellenar el hoyo en la pared, los grillos no han desaparecido completamente, pero se han reducido drásticamente.

¿Quiso Dios que lanzara jugo de zanahoria por toda la cocina? No. Pero siendo que lo hice, el Señor me envió una gran bendición. Con sinceridad, dudo que hubiera sacado la cocina a gas de su lugar para descubrir ese hueco en la pared. “Ahora bien, sabemos que Dios dispone todas las cosas para el bien de quienes lo aman, los que han sido llamados de acuerdo con su propósito” (Romanos 8:28).

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Por Kathy A. Lewis. Derechos © 2009 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. Este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión NUEVA VERSION INTERNACIONAL  ® 1999.



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