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Hijos Buenos
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Foto: Maureen Plainfield
Cierta vez serví como jurado en unas elecciones. Mi esposa era uno de mis empleados. Nos sentíamos agotados debido a que teníamos muchas más cosas que hacer. Debía sacar a mi perro a su caminata nocturna y mi esposa insistía en que teníamos que comer algo caliente antes de acostarnos.

Al entrar a la cocina, tuvimos una sorpresa. La mesa estaba puesta para dos. La casa, muy silenciosa. Ni el perro ni nuestro hijo menor salieron a saludarnos. Ya para cuando nos dimos cuenta que ninguno de los dos estaba en casa, sentimos que la puerta de entrada se abría. Era mi hijo con el perro.

“¿Dónde estaban?” –pregunté.

Me dio aquella mirada que los adolescentes les dan a sus padres despistados. “Pensé que tú y mamá estarían cansados,” me dijo. “Puse la mesa y saqué a pasear al perro. ¿Cenaron?”

“Tu madre se encargará de eso”, respondí.

“Está bien”, replicó antes de irse a su habitación.

No le habíamos pedido que hiciera nada de eso. Lo hizo por su propia cuenta, porque pensó que era bueno hacerlo.

De todas las bendiciones de Dios, usted puede sentirse orgulloso de la más grande: los hijos. Mi esposa y yo nos sentimos muy bendecidos debido a ellos. Tenemos unos hijos excelentes. Son trabajadores, honestros, independientes y muy considerados. No son perfectos. Un hijo perfecto no me daría esa mirada como diciendo “mi papá es un poquito lento”. Amo a mis hijos con todas sus imperfecciones.

Algo Bueno

Tal vez un hijo mire de vez en cuando como diciendo, “mis padres son un poquito lentos para entender”. Pero mi esposa y yo hicimos algo en forma correcta. ¿Quiere saber nuestro secreto?

1. Pase tiempo con sus hijos.  Uno de nosotros se quedó con ellos mientras crecían. Implicó sacrificio: conducir carros viejos y tener que vivir con presupuestos apretados. ¿Qué mejor inversión tienen los padres que sus hijos? Si uno de los padres no puede quedarse en casa todo el día, involúcrese en las actividades de sus hijos. Pasar la tarde en la reunión de conquistadores en vez de ver televisión, es un esfuerzo; pero vale la pena.

2. Sea un buen ejemplo.  Los hijos observan a sus padres aún cuando usted no se de cuenta. Mienta cuando crea que es conveniente –aún aquellas mentiras piadosas– y ellos pensarán que la honradez no tiene importancia. Beba alcohol y ellos llegarán a la conclusión que el estar sobrios no es gran cosa. Haga las cosas en forma correcta delante de ellos durante todo el tiempo.

3. Ponga y haga cumplir reglas razonables. Usted es el adulto –con la experiencia de un adulto y la sabiduría que a los niños les falta, usted sabe qué es lo mejor para ellos, incluso aunque no lo crean. Aférrese a las reglas usted mismo, poniendo el ejemplo.

4. Imponga disciplina. Usted es el padre y no el amigo de sus hijos. Imponer reglas pueden hacerlo impopular ante ellos, pero la disciplina es necesaria. Manténgala firmemente, pero sin dureza, matizando con misericordia cuando sea apropiado.

5. Demuéstreles que los ama. Los hijos necesitan amor de la misma forma que las plantas necesitan de la lluvia –incluso los hijos adolescentes. Demuéstrele a sus hijos que usted los ama, especialmente cuando se comporten mal e, incluso, cuando tenga que disciplinarlos.

6. Sean unidos. Como padres, ustedes son un equipo. No permita que sus hijos pongan en contra a uno de sus padres.

7. Ore. Dios da sabiduría y paciencia tan necesarias para los padres (ver Santiago 1:5)

¿Funciona esto? Para nosotros, sí.

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By Mark N. Lardas. Copyright © 2013 by GraceNotes. All rights reserved. Use of this material is subject to usage guidelines.


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