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La Provisión de Dios
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Fotografía: Mark Stout
Mi esposo y yo hemos estado viviendo en este pequeño pueblito por más de dos años. Ambos sabíamos que el trabajo que había aceptado era temporario. Un amigo de la familia nos ayudó de muy buena voluntad mientras mi esposo buscaba algo más conveniente donde vivir.

Después de un par de meses mi esposo recibió una invitación a ser entrevistado para un nuevo trabajo que, pensábamos, le daría mejores oportunidades laborales. Desafortunadamente, recibió una carta de rechazo. Durante meses mi esposo aplicó a una serie de oportunidades de trabajo en el pueblo, pero no lo llamaron de ninguno de ellos. Los dos comenzamos a sentirnos desesperados y empezamos a buscar otras oportunidades.

Volver a estudiar nos pareció una buena idea. Buscamos diferentes carreras y mi esposo se decidió por la Facultad de Derecho. El proceso de inscripción era carísimo para nuestro limitado presupuesto, pero lo hicimos funcionar de todos modos. Fue aceptado en una universidad cerca del lugar donde vivimos. Los precios de alquiler nos parecieron decentes, la universidad era buena y estábamos contentos con casi todos los aspectos de la mudanza.

Entonces, la realidad nos impactó –no podíamos resolver cómo íbamos a mudarnos y luego tener dinero suficiente para pagar dos meses de alquiler por adelantado. Comenzamos a buscar trabajo de medio tiempo para aumentar nuestras finanzas. Con el trabajo de tiempo completo que mi esposo tenía, pensábamos que si hacíamos un poco más de dinero nos alcanzaría para la mudanza y para que él entrara a tiempo a clases. Ninguno de los dos tenía inconveniente en conseguir un trabajo adicional, sólo deseábamos encontrarlo.

La Universidad No Funcionó

A mediados de julio ninguna opción de trabajo apareció y tuvimos que desechar la idea de mudarnos. El tema de estudiar en la universidad no parecía funcionar. Tuvimos que pensar en otros planes. Consideramos buscar trabajo fuera del pueblito sabiendo que tal vez no estaríamos tan entusiasmados con el nuevo lugar. Nos llamaron para entrevistarnos, pero el trabajo no era lo que andábamos buscando. Para entonces, la búsqueda de trabajo se extendió durante dos años. Mi marido y yo nos sentíamos desalentados. Si no podíamos mudarnos y mi esposo no podría volver a estudiar, entonces no sabíamos cuáles serían nuestras opciones. En aquel momento ambos sentíamos que no podíamos quedarnos allí, pero no estábamos seguros de dónde encontrar trabajo.

Luego la economía se derrumbó y el jefe de mi esposo decidió que no había suficiente trabajo como para mantenerlo empleado. Lo despidieron una semana antes del Día de Acción de Gracias. No sabíamos cómo íbamos a salir del caos. Nos quedaban dos semanas más de sueldo y, después, ni siquiera ahorros. Nuestros planes de mudarnos para tener un mejor trabajo parecían haber sido precipitados.

Dios apareció con un trabajo para mi esposo justo cuando estábamos atravesando la desesperación más absoluta. Fue en un momento en que todos nos decían que nunca encontraríamos nada, pero sucedió. Ocurrió justo cuando mi esposo y yo estábamos empacando para irnos a vivir con nuestra familia. El teléfono sonó junto a una oferta de trabajo. No podíamos creer lo fácil que lucía todo. Justo cuando las dos semanas de sueldo estaban por agotarse, mi esposo comenzaría con su nuevo trabajo. Dios nos dio lo que necesitábamos justo en el momento oportuno.

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Por Marion Ruybalid. Derechos © 2012 de
GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. Este material está sujeto a pautas de uso.


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