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Y un Niño los Pastoreará
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Fotografía: Gergo Orban
Tal vez todos hayamos leído esta frase en la Biblia: “…y un niño los pastoreará" (Isaías 11:6). Ha estado dándome vueltas en la mente desde hace algún tiempo.

Soy la líder de un nuevo ministerio infantil de mi iglesia llamado The Sonshine Club. Es parecido a un programa progresivo de la Escuela Bíblica de Vacaciones y mi co-directora y yo lo pasamos estupendo con estos pequeñitos. La mayoría de los niños que asisten a The Sonshine Club tienen padres que los cuidan muy bien, pero que no vienen a la iglesia en forma regular. Claro que he depositado mi esperanza en que estos entusiastas niños harán que sus padres visiten la iglesia, eventualmente. Y pensé que un niño los guiará.

Sin embargo, recientemente, esa frase tomó una perspectiva un tanto diferente en mi mente. Y en forma inesperada, debo decirlo. Una de las niñas –llamada Brook–, decidió que vendría a la iglesia con nosotros además de asistir al Sonshine Club. ¡Estaba tan emocionada! ¡Estaba ocurriendo! Ella vendría a la iglesia e invitaría a sus padres a que la acompañaran. Ella era el “niño pastoreándolos”. ¡Perfecto!

Cuando la llevé de vuelta a su casa luego del servicio en la iglesia, descubrí que tenía la razón sólo a medias en cuanto a lo que estaba pensando desde hacía unos días. Estaba equivocada sobre a quién se estaba “pastoreando”. Mientras pasaba cerca de la casa de una de sus amiguitas, le dije a la niña: “Quizás Hailey venga a la iglesia la próxima vez”. Lo que quería decir, desde luego, era que Brook pudiera invitar a su amiguita. Pero Brook miró hacia la casa de Hailey, se volvió hacia mí, y contestó: “Ella está en el patio con su papá. ¿Por qué no se lo preguntas ahora?”

Ay, esa no era una mala idea, pero tartamudeé un poco al decirle: “Sí, quizá pase a su casa después que te deje en la tuya y, si siguen estando ahí, se lo pregunto a su papá.”

Pregúntaselo Ahora

“Puedes darte la vuelta e ir a preguntárselo ahora mismo,” dijo ella.

“Pasaré de vuelta,” repetí.

Una vez más, Brook miró hacia la casa de su amiguita y luego se volvió hacia mí, diciendo: “Toda su familia está afuera. Pregúntale ahora a sus padres si puede acompañarnos a la iglesia la próxima vez”.

No había forma que no pudiera detenerme en esa casa en aquel momento. “Lo haré”, le prometí.

Y lo hice. Me dirigí hacia la curva de la casa de Hailey y bajé la ventanilla de mi carro para ser saludada enseguida por sus amistosos padres.

“Húmmmm… no fue tan difícil”, pensé. ¿Y por qué debería serlo? Tuve que meditarlo por un momento y, para ser sincera, aún me lo pregunto. ¿Por qué fue más difícil para mí detenerme y hacer la pregunta, que para esa niñita que había estado una sóla vez en mi iglesia?  No estoy segura. Pero sé que gané un entusiasmo renovado al compartir mi fe. Yo fui “pastoreada” por un niño.

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Por Gwen Scott Simmons. Derechos © 2009 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso. El texto bíblico ha sido extraído de la versión REINA-VALERA © 1995.


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