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Helado Gratis
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Fotografía: Dreamstime
Una tía-abuela me enseñó la regla del helado gratis. Cuando alguien le ofrece helado gratis hay sólo dos respuestas aceptables: “Sí, muchas gracias” o, “no, muchas gracias por su ofrecimiento” e, incluso, alguna variable entre esas dos respuestas. No critique el sabor que le ofrecieron, la cantidad que pusieron en el cono o en el tazón. Es un helado gratis –un agasajo inesperado que le ofrecen gratuitamente. Quejarse de ello es fallar al demostrarlo groseramente. Si no se lo hubieran ofrecido, usted no tendría nada. Tener parte de lo que usted desea –gratuitamente– es mejor que no tener nada.

Tampoco se debe reprender al que lo regala por ofrecerle helado cuando usted no desea o sermonearlo debido a lo poco saludable que es comer helados. Si el helado fue ofrecido con un espíritu de generosidad, devolver rudeza a cambio de cortesía es una mala acción.

La afirmación o la negativa cortés es la única respuesta apropiada a una oferta tan generosa. Va más allá de los buenos modales, explica mi tía-abuela. Aceptarlo con resentimiento o negarse en forma brusca, hace que quienes nos ofrecen algo no lo hagan la próxima vez.  ¿Para qué ofrecer regalos a alguien que no lo aprecie verdaderamente?

Al ir creciendo, comencé a apreciar la sabiduría de esta regla. Se la enseñé a mis hijos porque era invaluable. Se aplica más que simplemente a recibir un helado gratis. Tiene que ver con cualquier cosa que se nos ofrezca en forma gratuita, sin previas condiciones.

Alguien deja un plato de galletas en el cuarto de descanso del lugar donde trabaja para compartirlas con sus colegas. Eso es recibir un helado gratis. Un amigo no puede asistir a un juego de béisbol o a un concierto y le ofrece a usted sus boletos que de otro modo quedarían sin uso. Eso es recibir un helado gratis.

Acéptelo Amablemente

Un vecino –sabiendo que usted no puede hacerlo– se ofrece para cortar el pasto de su jardín. Eso es recibir un helado gratis. Si no está conforme con el resultado, todavía puede darle las gracias. Emplee a alguien para que realice el trabajo como usted lo desea la próxima vez, pero acepte el helado gratis con el espíritu adecuado.

Respuestas descorteses hieren más a quienes las dan que a los que las reciben. Trabajé para una compañía que regalaba pavos para el Día de Acción de Gracias –era recibir un helado gratis. Algunos empleados se quejaban de ser vegetarianos. Al año siguiente, la compañía regaló tarjetas de regalo para aquel feriado.  La gente se quejó de que el valor de la tarjeta era muy bajo o que era de una tienda que a ellos no les gustaba. Al año siguiente, la compañía canceló el programa de regalos.

Incluso Dios nos regala helados gratis –y está agotado de las respuestas inapropiadas que recibe a Sus ofrecimientos. En la Parábola del Banquete de Bodas (Mateo 22:1-14), el ofrecimiento de helado gratis del rey –en forma de banquete de bodas–, es desdeñado de diferentes maneras. Algunos trataron mal a los mensajeros que hicieron el anuncio. Un hombre llegó al banquete vestido de forma incorrecta. El rey rechazó a esas personas debido a su conducta, negándoles lo que fue ofrecido gratuitamente.

Mis colegas se perdieron un pavo. Los huéspedes invitados al banquete de la boda perdieron muchísimo más.

La próxima vez que le ofrezcan algo, recuerde la regla del helado gratis.

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Por Mark N. Lardas. Derechos © 2014 de
GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. El uso de este material está sujeto a pautas de uso.


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