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Cuando los Hermanos Pelean
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Fotografia: Jay M Schulz
P: Mis hijos tienen seis y cuatro años de edad. El mayor prefiere jugar solo y cuando le pido que comparta con su hermano menor, hace otra cosa. Por ejemplo, cuando les sugiero que jueguen a lanzar la pelota a la cesta, mi hijo de seis años abandona el juego o busca otra pelota con tal de no compartir con nadie. ¿Debo permitir que deje de jugar o debo obligarlo a compartir?

R: Pronostico que este problema finalmente se solucionará. Desde el punto de vista de un niño de seis años de edad que está en la escuela, un hermano de cuatro años es casi como un bebé para él. Dentro de unos pocos años, sin embargo, la diferencia de edad no será significativa, y el niño mayor llegará a aceptar mucho más a su hermanito como compañero de juego.

Mientras tanto, le aconsejo dejar eso en paz. Mientras más trate de forzar e, incluso, sugerir que su hijo mayor comparta con el pequeño, el problema será peor. Sería bueno para su salud mental que dejara de pensar que necesita manejar sus juegos y permitir que sus hijos los manejen por sí solos.

Desde que comencé a escribir esta columna en el año 1976, he estado recomendando un enfoque no intervencionista al conflicto entre hermanos. Así como con cualquier otra póliza en el cuidado de los niños, ésta no es absoluta. Algunos conflictos entre hermanos requieren la intervención paterna, como cuando un hermano ha sido cruel en forma deliberada con su hermano menor.

Pero no es inusual que un hermano menor acepte ciertos golpes de su hermano mayor por la recompensa de ver que lo castigarán cuando él (el menor) se queje ante sus padres.  Por esa razón es difícil juzgar la dinámica de conflicto que surge entre los hermanos.

Yo recomiendo crear una regla que requiera que los niños manejen sus conflictos para no alterar la paz de la familia. La regla se rompe cuando uno de los niños hace algo para llamar la atención de los padres; como por ejemplo, gritar, llorar, pedir ayuda, acusar, etc.

La violación a la regla tiene como resultado que ambos niños sean castigados por igual, lo que motivará a que aprendan a manejar sus problemas sin llamar la atención. Una mamá que trató este método me envió el siguiente testimonio:

“Antes de leer sus libros estaba convencida de que mi hijo mayor era un matón y mis otros dos más pequeños, sus víctimas. De mala gana seguí su consejo y castigué a ambos niños cuando comenzaron a pelear. La mayor parte del tiempo pensé que era culpa de mi hijo mayor, pero seguí haciéndolos responsables a los dos y que ambos sufrieran las consecuencias. Han pasado cinco meses y pienso que ahora vivo en un hogar diferente con un grupo de niños muy distintos. Casi nunca pelean y cuando lo hacen arreglan sus cosas entre ellos.

“Mi relación con mi  hijo mayor ha mejorado y él se siente mejor con sí mismo. Pienso que en el pasado sus hermanos buscaban formas para hacerlo estallar y meterlo en problemas.

“Ahora él se siente valorado y amado por su familia. Sus métodos no siempre funcionan de la noche a la mañana, pero pienso que este sí va a quedarse entre nosotros por mucho tiempo.”

A lo cual yo indicaría que en la mayoría de los casos los métodos que funcionan de la noche a la mañana raramente siguen haciéndolo después de intentarlo treinta veces.

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Por John Rosemond. Reimpreso con el permiso de Signs of the Times (Señales de los Tiempos), agosto, 2008. Derechos © 2009 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. Este material está sujeto a pautas de uso.


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