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La Amiga Necesita
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Fotografia: Studiomill
No soy del estado de Florida y, como tal, conozco a personas que también han llegado de otros lugares. La queja que escucho de parte de ellos es que no tienen suficientes amigos. Extrañan a sus viejos amigos –a veces tanto, que vuelven a regresar de donde vinieron.

Los viejos amigos son absolutamente maravillosos; sin embargo, no deben ser una barrera para tener nuevos.  Es verdad que a veces cuesta encontrarlos. Parece que mientras más adultos somos, más nos cuesta hacer amigos.

He pasado por esto muchas veces a través de los años con mi marido al cruzar Estados Unidos debido a traslados relacionados con nuestros trabajos. He descubierto que no importa lo mayor que sea, necesito de mis amigas; compañeras con quienes almorzar, ir de compras pero, sobre todo, conversar.

Para la mayoría, el jueguito “la amiga necesita” comienza con nosotras cuando éramos pequeñas. Nos preparamos para crecer en la vida jugando al papá y la mamá, a la maestra, a la doctora, a la enfermera, etc. Nos reíamos tontamente –y nos poníamos la ropa y los accesorios de mamá que nos hacían sentir adultas y glamorosas– y hablábamos, hablábamos, hablábamos.

Excepto por la ropa y los accesorios que utilizamos hoy como adultas, el guión no es muy distinto. Reúna a dos o más mujeres y el parloteo sin parar es un hecho. Junto a la charla femenina, comienzan las risitas. Actuamos tontamente. Nos divertimos demasiado. Es raro que nos juntemos y no nos sintamos optimistas.

Aquejadas de Pobreza Emocional

Por supuesto que hay momentos en que también compartimos nuestras lágrimas. Es en esos valles en que nos damos cuenta del valor de las amigas. Si no las tenemos a mano para ayudarnos y confortarnos durante los momentos difíciles, nos sentimos aquejadas de pobreza emocional.

Las amigas no siempre concuerdan ni siendo niñas ni siendo adultas. Pero el centro que ata los corazones más fuertemente es la honradez en vez de la fachada. Somos lo que somos –y nos sentimos atraídas hacia otras amigas aunque no sean exactamente como nosotras. Esto es especialmente cierto con las amigas cristianas. Como cristianas, somos del mismo “tipo” y, a la vez, tan diversas. Es la diversidad lo que hace interesante esa amistad –y el orar juntas las vuelve más unidas.

Cierta vez, una enfermera del hospital local nos llamó por teléfono a mi esposo y a mí: “Vengan rápido, su amiga Clarene los necesita”. Cuando entramos a la pequeña salita anterior a la sala de urgencias, se sentó en una silla rodeada de su familia. Dijo, mirando en forma desorientada: “¡Se fue!” Un coágulo de sangre se había llevado la vida de su esposo Bill.

Con mi propia pena por haber perdido a ese querido amigo y sintiendo una total compasión por ella, caí de rodillas, frente a ella, le tomé las manos y oré. Sólo después de hacerlo me sentí como una intrusa. Le expresé a su hija cómo me sentía. Y ella respondió: “Una persona no puede escoger quienes serán sus familiares, pero sí quienes serán sus amigos. ¡Tú eres de los nuestros!”

Aquella semana Clarene y yo fuimos a comprar la ropa que usaría durante el funeral –y adivinen qué pasó. En la tienda nos reímos tontamente. Hablamos de “camaradas”. Deducimos que el Señor diseñó a las amigas de cualquier edad para que sean nuestras contrapartes. Para la mayoría de nosotras, son una parte necesaria de nuestra feminidad.

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Por Betty Kossick. Derechos © 2012 de GraceNotes. Todos los derechos reservados. Traducido por Chari Torres. Este material está sujeto a pautas de uso.


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